sábado, 22 de agosto de 2026

Lecturas 22 de Agosto de 2026

 

  • Primera Lectura

    Isaías 9:1-6

    1
    El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz;
    a los que habitaban en tierra de sombras de muerte, les ha brillado una luz.
    2
    Multiplicaste el gozo,
    aumentaste la alegría. Se alegran en tu presencia con la alegría de la siega, como se gozan al repartirse el botín.
    3
    Porque el yugo que los cargaba,
    la vara de su hombro, el cetro que los oprimía, los quebraste como en el día de Madián.
    4
    Pues toda bota militar que taconea con estrépito,
    y todo manto restregado en sangre, están destinados a arder, a ser pasto del fuego.
    5
    Porque un niño nos ha nacido,
    un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros está el imperio, y lleva por nombre: Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre sempiterno, Príncipe de la paz.
    6
    El imperio será engrandecido,
    y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para sostenerlo y consolidarlo con el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos lo hará.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 113:1-8

    1
    ¡Aleluya!
    Alabad, siervos del Señor, alabad el Nombre del Señor.
    2
    Bendito sea el Nombre del Señor,
    ahora y por siempre, sin fin.
    3
    Desde la salida del sol hasta el ocaso,
    alabado sea el Nombre del Señor.
    4
    Excelso sobre todas las naciones es el Señor,
    por encima de los cielos está su gloria.
    5
    ¿Quién como el Señor, nuestro Dios,
    que se sienta en las alturas,
    6y se abaja para mirar los cielos y la tierra?
    7
    Él levanta del polvo al indigente,
    y del estiércol hace subir al mísero,
    8
    para hacerlo sentar entre los príncipes,
    entre los príncipes de su pueblo.

  • Evangelio

    Lucas 1:26-38

    26En el sexto mes fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret,
    27a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David. El nombre de la virgen era María.
    28
    Y entró donde ella estaba y le dijo:
    —Dios te salve, llena de gracia, el Señor es contigo.
    29Ella se turbó al oír estas palabras, y consideraba qué podía significar este saludo.
    30
    Y el ángel le dijo:
    —No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios:
    31concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
    32Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
    33reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin.
    34
    María le dijo al ángel:
    —¿De qué modo se hará esto, pues no conozco varón?
    35
    Respondió el ángel y le dijo:
    —El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que nacerá Santo será llamado Hijo de Dios.
    36Y ahí tienes a Isabel, tu pariente, que en su ancianidad ha concebido también un hijo, y la que llamaban estéril está ya en el sexto mes,
    37porque para Dios no hay nada imposible.
    38
    Dijo entonces María:
    —He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y el ángel se retiró de su presencia.

viernes, 21 de agosto de 2026

Lecturas 21 de Agosto de 2026

 

  • Primera Lectura

    Ezequiel 37:1-14

    1La mano del Señor vino sobre mí y me sacó en el espíritu del Señor y me puso en medio de la vega, que estaba llena de huesos.
    2Me hizo pasar entre ellos y dar vueltas alrededor, y vi que eran muchos sobre la superficie de la vega y que estaban completamente secos.
    3
    Y me dijo:
    —Hijo de hombre, ¿podrán vivir esos huesos? Contesté: —Señor Dios, Tú lo sabes.
    4
    Me dijo:
    —Profetiza sobre estos huesos y diles: «Huesos secos, escuchad la palabra del Señor.
    5Esto dice el Señor Dios a estos huesos: “Voy a infundir en vosotros el espíritu y viviréis.
    6Pondré sobre vosotros nervios, haré crecer carne sobre vosotros, os recubriré de piel, infundiré en vosotros el espíritu y viviréis, y sabréis que Yo soy el Señor”».
    7Profeticé como me había sido mandado y, a la voz de mi profecía, hubo un rumor y luego un gran temblor, y los huesos se juntaron uno con otro.
    8Miré y vi que había nervios sobre ellos, que les crecía carne y se recubrían de piel. Pero no había espíritu en ellos.
    9
    Y me dijo:
    —Profetiza sobre el espíritu, profetiza, hijo de hombre y di al espíritu: «Esto dice el Señor Dios: “Ven, espíritu, desde los cuatro vientos y alienta sobre estos muertos para que vuelvan a vivir”».
    10Profeticé según me mandó y vino sobre ellos el espíritu y vivieron. Y se alzaron sobre sus pies: un ejército extremadamente grande.
    11
    Y me dijo:
    —Hijo de hombre: estos huesos son toda la casa de Israel. Dicen: «Están secos nuestros huesos y destruida nuestra esperanza. Estamos destruidos».
    12Por eso, profetiza y diles: «Esto dice el Señor Dios: “¡Pueblo mío! Voy a abrir vuestros sepulcros, os haré salir de vuestros sepulcros y os haré entrar en la tierra de Israel.
    13Y sabréis que Yo soy el Señor cuando abra vuestros sepulcros y os haga salir de vuestros sepulcros, ¡pueblo mío!
    14Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis, y os estableceré en vuestra tierra y sabréis que Yo, el Señor, lo he dicho y lo hago, oráculo del Señor Dios”».

  • Salmo Responsorial

    Salmo 107:2-9

    2
    Que lo digan los redimidos del Señor,
    los que ha redimido de la mano del adversario,
    3
    y ha congregado de los países
    del Oriente y del Occidente, del Septentrión y del Mar.
    4
    Vagaron errantes por el desierto, por la estepa,
    sin encontrar el camino de una ciudad donde habitar.
    5
    Hambrientos y sedientos,
    desfallecían sus almas.
    6
    En su angustia clamaron al Señor,
    y los libró de sus tribulaciones.
    7
    Los condujo por camino recto,
    hasta llegar a una ciudad donde habitar.
    8
    Den gracias al Señor por su misericordia,
    por sus maravillas con los hijos de Adán.
    9
    Porque sació al alma sedienta,
    y a la hambrienta la llenó de bienes.

  • Evangelio

    Mateo 22:34-40

    34Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se pusieron de acuerdo,
    35y uno de ellos, doctor de la ley, le preguntó para tentarle:
    36—Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?
    37
    Él le respondió:
    —Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente.
    38Éste es el mayor y el primer mandamiento.
    39El segundo es como éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
    40De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas.

  • Primera Lectura

    1 Tesalonicenses 2:2-8

    2sino que, como sabéis, después de haber padecido sufrimientos e injurias en Filipos, tuvimos confianza en nuestro Dios para predicaros el Evangelio de Dios en medio de muchos combates.
    3Nuestra exhortación no procede, por eso, del error ni de la impureza, ni es engañosa.
    4Al contrario, ya que Dios nos ha encontrado dignos de confiarnos el Evangelio, hablamos no como quien busca agradar a los hombres, sino a Dios, que ve el fondo de nuestros corazones.
    5Como sabéis, nunca nos hemos movido con palabras aduladoras, ni por avaricia disimulada —Dios es testigo—,
    6ni buscando gloria humana, ni de vosotros ni de nadie.
    7Aunque, como apóstoles de Cristo, podríamos haber impuesto el peso de nuestra autoridad, sin embargo nos comportamos con dulzura entre vosotros. Como una madre que da alimento y calor a sus hijos,
    8así, movidos por nuestro amor, queríamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino incluso nuestras propias vidas, ¡tanto os llegamos a querer!

  • Salmo Responsorial

    Salmo 89:2-5, 21-22, 25, 27

    2
    Las misericordias del Señor cantaré eternamente;
    de generación en generación anunciaré con mi boca tu fidelidad.
    3
    Pues he dicho:
    «La misericordia está edificada para siempre; tu fidelidad está firme en los cielos».
    4
    «Una alianza sellé con mi elegido,
    juré a David, mi siervo:
    5
    “Afirmaré tu descendencia para siempre,
    construiré tu trono por todas las generaciones”». (Pausa)
    21
    He hallado a David, mi siervo,
    lo he ungido con mi óleo santo.
    22
    Mi mano estará firme con él,
    mi brazo le hará fuerte.
    25
    Con él estarán mi fidelidad y misericordia,
    y en mi Nombre será exaltado su poder.
    27
    Él me invocará: “Tú eres mi Padre,
    mi Dios, la Roca de mi salvación”.

  • Evangelio

    Juan 21:15-17

    15
    Cuando acabaron de comer, le dijo Jesús a Simón Pedro:
    —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Le respondió: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: —Apacienta mis corderos.
    16
    Volvió a preguntarle por segunda vez:
    —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Le respondió: —Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Le dijo: —Pastorea mis ovejas.
    17
    Le preguntó por tercera vez:
    —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque le preguntó por tercera vez: «¿Me quieres?», y le respondió: —Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero. Le dijo Jesús: —Apacienta mis ovejas.

jueves, 20 de agosto de 2026

Lecturas 20 de Agosto de 2026

 

  • Primera Lectura

    Ezequiel 36:23-28

    23Voy a santificar mi gran Nombre, que ha sido profanado entre las naciones, porque lo habéis profanado en medio de ellas. Y sabrán las naciones que Yo soy el Señor, oráculo del Señor Dios, cuando ante sus ojos haga resplandecer mi santidad en vosotros.
    24Voy a tomaros de entre las naciones, voy a reuniros de entre los pueblos y os haré entrar en vuestra tierra.
    25»Rociaré sobre vosotros agua pura y quedaréis purificados de todas vuestras impurezas. De todos vuestros ídolos voy a purificaros.
    26Os daré un corazón nuevo y pondré en vuestro interior un espíritu nuevo. Arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.
    27Pondré mi espíritu en vuestro interior y haré que caminéis según mis preceptos, y guardaréis y cumpliréis mis normas.
    28Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres. Vosotros seréis mi pueblo y Yo seré vuestro Dios.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 51:12-15, 18-19

    12
    Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
    y renueva en mi interior un espíritu firme.
    13
    No me arrojes de tu presencia,
    ni me retires tu santo Espíritu.
    14
    Devuélveme el gozo de tu salvación
    y afírmame con un espíritu noble.
    15
    Enseñaré a los malvados tus caminos,
    y se convertirán a Ti los pecadores.
    18
    No te complaces en los sacrificios,
    y si te ofreciera un holocausto, no te agradaría.
    19
    El sacrificio grato a Dios es un espíritu contrito:
    un corazón contrito y humillado, Dios mío, no lo desprecias.

  • Evangelio

    Mateo 22:1-14

    1Jesús les habló de nuevo con parábolas y dijo:
    2—El Reino de los Cielos es como un rey que celebró las bodas de su hijo,
    3y envió a sus siervos a llamar a los invitados a las bodas; pero éstos no querían acudir.
    4Nuevamente envió a otros siervos diciéndoles: «Decid a los invitados: mirad que tengo preparado ya mi banquete, se ha hecho la matanza de mis terneros y mis reses cebadas, y todo está a punto; venid a las bodas».
    5Pero ellos, sin hacer caso, se marcharon: quien a su campo, quien a su negocio.
    6Los demás echaron mano a los siervos, los maltrataron y los mataron.
    7El rey se encolerizó, y envió a sus tropas a acabar con aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.
    8Luego les dijo a sus siervos: «Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos.
    9Así que marchad a los cruces de los caminos y llamad a las bodas a cuantos encontréis».
    10Los siervos salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas.
    11Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de boda;
    12y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar traje de boda?» Pero él enmudeció.
    13Entonces el rey les dijo a los servidores: «Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de afuera; allí habrá llanto y rechinar de dientes».
    14Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

  • Primera Lectura

    Eclesiástico 15:1-6

    1
    Así actuará el que teme al Señor;
    y quien se aferra a la Ley alcanzará la sabiduría.
    2
    Ella le saldrá al encuentro como una madre respetable,
    le recibirá como una esposa virgen.
    3
    Le alimentará con el pan de vida y de inteligencia,
    y le dará a beber el agua de la sabiduría. Se apoyará en ella y no vacilará,
    4
    confiará en ella y no quedará avergonzado.
    Ella le encumbrará por encima de sus prójimos,
    5
    y en medio de la asamblea le hará abrir su boca,
    le llenará de espíritu de sabiduría y de inteligencia y le cubrirá de un manto de gloria.
    6
    Le colmará de alegría y de corona de gozo,
    y heredará un renombre eterno.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 119:9-14

    9
    (Bet) ¿Cómo podrá un joven mantener limpio su sendero?
    Guardando tus palabras.
    10
    Con todo el corazón te busco;
    no permitas que me desvíe de tus mandamientos.
    11
    En mi corazón he guardado tus palabras
    para no pecar contra ti.
    12
    Bendito eres, Señor,
    enséñame tus preceptos.
    13
    Con mis labios proclamo
    todas las normas de tu boca.
    14
    En el camino de tus preceptos me deleito
    más que en todas las riquezas.

  • Evangelio

    Juan 17:20-26

    20»No ruego sólo por éstos, sino por los que van a creer en mí por su palabra:
    21que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado.
    22Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno.
    23Yo en ellos y Tú en mí, para que sean consumados en la unidad, y conozca el mundo que Tú me has enviado y los has amado como me amaste a mí.
    24Padre, quiero que donde yo estoy también estén conmigo los que Tú me has confiado, para que vean mi gloria, la que me has dado porque me amaste antes de la creación del mundo.
    25Padre justo, el mundo no te conoció; pero yo te conocí, y éstos han conocido que Tú me enviaste.
    26Les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos y yo en ellos.

miércoles, 19 de agosto de 2026

Lecturas 19 de Agosto de 2026

 

  • Primera Lectura

    Ezequiel 34:1-11

    1Me fue dirigida la palabra del Señor, diciendo:
    2—Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel, profetiza y di a los pastores: «Esto dice el Señor Dios: “¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos: ¿no son los rebaños lo que deben apacentar los pastores?
    3Os alimentáis de su leche, os cubrís con su lana y matáis las reses más cebadas, pero no apacentáis el rebaño.
    4No habéis robustecido a las débiles ni sanado a las enfermas. No habéis vendado a la herida ni habéis recogido a la descarriada. No habéis buscado a la que se había perdido. Al contrario, las habéis guiado con crueldad y violencia.
    5Por falta de pastor fueron dispersadas mis ovejas, y se han convertido en alimento de todas las bestias del campo. Han sido dispersadas.
    6Iban errantes mis ovejas por todos los montes, por toda colina elevada. Mis rebaños estaban dispersos por toda la superficie de la tierra y no había quien los buscara, ni se cuidara de ellos”».
    7»Por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor:
    8«Por mi vida, oráculo del Señor Dios: Porque mi rebaño ha sido convertido en objeto de robo y mis ovejas en alimento de todas las bestias del campo por falta de pastor; porque mis pastores no buscaban mi rebaño, sino que se apacentaban a sí mismos y no apacentaban mi rebaño,
    9por eso, pastores, escuchad la palabra del Señor.
    10Esto dice el Señor Dios: “Estoy contra los pastores: reclamaré mi rebaño de su mano y les impediré pastorear a mis ovejas para que los pastores no vuelvan a apacentarse a sí mismos. Libraré mi rebaño de su boca y nunca más les servirá de alimento”».
    11»Porque esto dice el Señor Dios: «Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 23:1-6

    1
    Salmo. De David.
    El Señor es mi pastor, nada me falta.
    2
    En verdes prados me hace reposar;
    hacia aguas tranquilas me guía;
    3
    reconforta mi alma,
    me conduce por sendas rectas por honor de su Nombre.
    4
    Aunque camine por valles oscuros,
    no temo ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan.
    5
    Preparas una mesa para mí
    frente a mis adversarios. Unges con óleo mi cabeza, mi copa rebosa.
    6
    Tu bondad y misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor por dilatados días. 

  • Evangelio

    Mateo 20:1-16

    1»El Reino de los Cielos es como un hombre, dueño de una propiedad, que salió al amanecer a contratar obreros para su viña.
    2Después de haber convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.
    3Salió también hacia la hora tercia y vio a otros que estaban en la plaza parados,
    4y les dijo: «Id también vosotros a mi viña y os daré lo que sea justo».
    5Ellos marcharon. De nuevo salió hacia la hora sexta y de nona e hizo lo mismo.
    6Hacia la hora undécima volvió a salir y todavía encontró a otros parados, y les dijo: «¿Cómo es que estáis aquí todo el día ociosos?»
    7Le contestaron: «Porque nadie nos ha contratado». Les dijo: «Id también vosotros a mi viña».
    8A la caída de la tarde le dijo el amo de la viña a su administrador: «Llama a los obreros y dales el jornal, empezando por los últimos hasta llegar a los primeros».
    9Vinieron los de la hora undécima y percibieron un denario cada uno.
    10Y cuando llegaron los primeros pensaron que cobrarían más, pero también ellos recibieron un denario cada uno.
    11Al recibirlo, se pusieron a murmurar contra el dueño:
    12«A estos últimos que han trabajado sólo una hora los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor».
    13Él le respondió a uno de ellos: «Amigo, no te hago ninguna injusticia; ¿acaso no conviniste conmigo en un denario?
    14Toma lo tuyo y vete; quiero dar a este último lo mismo que a ti.
    15¿No puedo yo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O es que vas a ver con malos ojos que yo sea bueno?»
    16Así los últimos serán primeros y los primeros últimos.