martes, 30 de junio de 2026

Lecturas 30 de Junio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Amós 3:1-8; 4:11-12

    3
    1Escuchad esta palabra que el Señor pronuncia contra vosotros, hijos de Israel, a toda la familia que hice subir de la tierra de Egipto:
    2
    «Sólo os conocí a vosotros
    entre todas las familias de la tierra. Por eso os visitaré por todas vuestras iniquidades.
    3
    »¿Es que caminan juntos dos
    sin que se pongan de acuerdo?
    4
    ¿Es que ruge el león en el soto
    si no tiene presa? ¿Lanza rugidos desde su antro el león joven sin que haya cazado?
    5
    ¿Cae el pájaro en la red, a tierra,
    si no hay señuelo? ¿Salta la trampa del suelo sin haber atrapado algo?
    6
    ¿Si suena la trompeta en la ciudad,
    no se alarmará el pueblo? ¿Si ocurre una desgracia en la ciudad, no la manda el Señor?
    7
    En verdad, no hace el Señor Dios cosa alguna
    sin que revele su designio a sus siervos los profetas.
    8
    Ruge el león:
    ¿quién no temerá? Habla el Señor Dios: ¿quién no profetizará?
    4
    11
    Os convulsioné
    como convulsionó Dios a Sodoma y Gomorra, y quedasteis como tizón extraído de un incendio, pero no os convertisteis a Mí» —oráculo del Señor—.
    12
    Por eso, así voy a hacer contigo, Israel;
    y porque eso voy a hacer contigo, prepárate para el encuentro con tu Dios, Israel.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 5:4-8

    4
    ¡Señor! De mañana oyes mi voz,
    de mañana me presento a Ti y me quedo esperando.
    5
    Tú no eres un Dios que ame la impiedad;
    el malvado no es tu huésped,
    6
    ni permanece el arrogante ante tus ojos.
    Aborreces a los que obran la iniquidad.
    7
    Haces perecer a los que dicen falsedades.
    El Señor abomina del hombre sanguinario y mentiroso.
    8
    Pero yo, por tu gran bondad,
    entraré en tu Casa, me postraré en tu Templo santo, en tu temor.

  • Evangelio

    Mateo 8:23-27

    23Se subió después a una barca, y le siguieron sus discípulos.
    24De repente se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.
    25
    Se le acercaron para despertarle diciendo:
    —¡Señor, sálvanos, que perecemos!
    26
    Jesús les respondió:
    —¿Por qué os asustáis, hombres de poca fe? Entonces, puesto en pie, increpó a los vientos y al mar y sobrevino una gran calma.
    27
    Los hombres se asombraron y dijeron:
    —¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?

lunes, 29 de junio de 2026

Lecturas 29 de Junio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Hechos 12:1-11

    1En aquel tiempo prendió el rey Herodes a algunos de la Iglesia para maltratarlos.
    2Dio muerte por la espada a Santiago, hermano de Juan.
    3Y al ver que esto agradaba a los judíos, decidió prender también a Pedro. Eran los días de los Ácimos.
    4Cuando lo apresó, lo metió en la cárcel y lo entregó a cuatro escuadras de cuatro soldados para que lo custodiaran, con el propósito de hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua.
    5Así pues, Pedro estaba encerrado en la cárcel, mientras la Iglesia rogaba incesantemente por él a Dios.
    6Cuando Herodes iba ya a hacerlo comparecer, aquella misma noche dormía Pedro entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, mientras unos centinelas vigilaban la cárcel delante de la puerta.
    7
    De pronto se presentó un ángel del Señor y un resplandor iluminó la celda. Tocó a Pedro en el costado, le despertó y dijo:
    —¡Levántate deprisa! —y se cayeron las cadenas de sus manos.
    8
    El ángel le dijo:
    —¡Vístete y ponte las sandalias! —y así lo hizo. Y añadió: —¡Ponte el manto y sígueme!
    9Salió y le siguió, pero ignoraba que fuera realidad lo que hacía el ángel; pensaba que se trataba de una visión.
    10Atravesaron la primera guardia y la segunda y llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí sola. Salieron y avanzaron por una calle y de repente el ángel le dejó.
    11
    Entonces Pedro, vuelto en sí, dijo:
    —Ahora comprendo realmente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo judío.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 34:2-9

    2
    (Alef) Bendigo al Señor en todo tiempo;
    su alabanza está en mi boca de continuo.
    3
    (Bet) Mi alma se gloría en el Señor;
    que lo escuchen los humildes y se alegren.
    4
    (Guímel) Engrandeced conmigo al Señor;
    ensalcemos juntos su Nombre.
    5
    (Dálet) Busqué al Señor y me ha escuchado,
    me ha librado de todos mis temores.
    6
    (He) Miradle y brillaréis de gozo,
    vuestros rostros no se avergonzarán.
    7
    (Záin) Cuando el pobre invoca, el Señor le escucha,
    y lo salva de todas sus angustias.
    8
    (Het) El ángel del Señor se sitúa
    alrededor de los que le temen para librarlos.
    9
    (Tet) Gustad y ved qué bueno es el Señor,
    dichoso el hombre que se refugia en Él.

  • Segunda Lectura

    2 Timoteo 4:6-8, 17-18

    6Pues yo estoy a punto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente.
    7He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe.
    8Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.
    17Pero el Señor me asistió y me fortaleció para que, por medio de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles. Y fui librado de la boca del león.
    18El Señor me librará de toda obra mala y me salvará para su reino celestial. A Él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

  • Evangelio

    Mateo 16:13-19

    13
    Cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, comenzó a preguntar a sus discípulos:
    —¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
    14
    Ellos respondieron:
    —Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, y otros que Jeremías o alguno de los profetas.
    15
    Él les dijo:
    —Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
    16
    Respondió Simón Pedro:
    —Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
    17
    Jesús le respondió:
    —Bienaventurado eres, Simón, hijo de Juan, porque no te ha revelado eso ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
    18Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
    19Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos.

domingo, 28 de junio de 2026

Lecturas 28 de Junio de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    2 Reyes 4:8-11, 14-16

    8Un día Eliseo pasaba por Sunem, y vivía allí una mujer importante que le porfiaba para que se quedara a comer. Desde aquel día, cuando pasaba se quedaba allí a comer.
    9
    Dijo la mujer a su marido:
    —Mira, sé que el que pasa siempre junto a nosotros es un hombre de Dios, un santo.
    10Por favor, hagamos una pequeña habitación en la parte de arriba y pongamos allí una cama, una mesa, una silla y un candelabro, y así, cuando venga a nosotros, se instalará ahí.
    11Un día llegó allí Eliseo, se instaló en la habitación y se acostó.
    14
    Eliseo preguntó:
    —¿Qué hacer, pues, por ella? Respondió Guejazí: —No tiene hijos y su marido es anciano.
    15
    Dijo Eliseo:
    —Llámala. La llamó de nuevo y ella se detuvo en la puerta.
    16
    Él le dijo:
    —El año próximo, por este tiempo, tú abrazarás un hijo. Ella contestó: —No mi señor, hombre de Dios, no engañes a tu sierva.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 89:2-3, 16-19

    2
    Las misericordias del Señor cantaré eternamente;
    de generación en generación anunciaré con mi boca tu fidelidad.
    3
    Pues he dicho:
    «La misericordia está edificada para siempre; tu fidelidad está firme en los cielos».
    16
    Dichoso el pueblo que conoce la voz de aclamación;
    caminarán a la luz de tu rostro, Señor.
    17
    En tu Nombre se regocijarán cada día,
    en tu justicia se gloriarán;
    18
    porque Tú eres el encanto de su fuerza,
    y, con tu favor, se alza nuestra frente.
    19
    Pues del Señor es nuestro escudo,
    y del Santo de Israel, nuestro rey.

  • Segunda Lectura

    Romanos 6:3-4, 8-11

    3¿No sabéis que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados para unirnos a su muerte?
    4Pues fuimos sepultados juntamente con él mediante el bautismo para unirnos a su muerte, para que, así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva.
    8Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,
    9porque sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere más: la muerte ya no tiene dominio sobre él.
    10Porque lo que murió, murió de una vez para siempre al pecado; pero lo que vive, vive para Dios.
    11De la misma manera, también vosotros debéis consideraros muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.

  • Evangelio

    Mateo 10:37-42

    37»Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
    38Quien no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
    39Quien encuentre su vida, la perderá; pero quien pierda por mí su vida, la encontrará.
    40»Quien a vosotros os recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
    41Quien recibe a un profeta por ser profeta obtendrá recompensa de profeta, y quien recibe a un justo por ser justo obtendrá recompensa de justo.
    42Y cualquiera que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por el hecho de ser discípulo, en verdad os digo que no quedará sin recompensa.

sábado, 27 de junio de 2026

Lecturas 27 de Junio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Lamentaciones 2:2, 10-14, 18-19

    2
    (Bet) Destruyó el Señor sin piedad
    los pastos de Jacob; derribó en su furor las fortalezas de la hija de Judá; echó por tierra, profanó, el reino y sus príncipes.
    10
    (Yod) Se sientan en tierra: están en silencio
    los ancianos de la hija de Sión, se echan ceniza a la cabeza, se ciñen de saco. Abajan su cabeza a tierra las doncellas de Jerusalén.
    11
    (Kaf) Mis ojos están consumidos por las lágrimas,
    me hierven las entrañas, derramados por tierra mis hígados, por la ruina de la hija de mi pueblo, porque niñitos y lactantes desfallecen en las plazas de la ciudad.
    12
    (Lámed) Preguntan a sus madres:
    «¿Dónde hay pan y vino?», mientras desfallecen como malheridos en las plazas de la ciudad, y exhalan su espíritu en el regazo de sus madres.
    13
    (Mem) ¿Con qué te compararía yo, con qué te asemejaría,
    hija de Jerusalén? ¿Con qué te igualaría para consolarte, doncella, hija de Sión? Pues grande como el mar es tu quebranto, ¿quién te podrá curar?
    14
    (Nun) Tus profetas te ofrecieron visiones
    vanas y estúpidas, y no te desvelaron tu iniquidad para hacerte cambiar, sino que te ofrecieron visiones de vaticinios vanos y seductores.
    18
    (Sade) ¡Clama al Señor con todo el corazón,
    por la muralla de la hija de Sión! Que corran torrentes de lágrimas día y noche. No te permitas descanso, ni tengan tregua las niñas de tus ojos.
    19
    (Qof) ¡Levántate! Grita en la noche
    cuando empiezan los turnos de centinela. Que tu corazón se derrita como agua ante la presencia del Señor. Álzale tus manos por la vida de tus niñitos, que desfallecen de hambre en la esquina de cada calle.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 74:1-7, 20-21

    1
    Masquil. De Asaf.
    ¿Por qué nos has rechazado para siempre, Dios mío, se ha encendido tu ira con las ovejas de tu rebaño?
    2
    Acuérdate de la comunidad que te adquiriste antaño,
    la tribu de tu heredad que redimiste, del monte Sión, en que pusiste tu morada.
    3
    Alza tus pasos sobre las ruinas perennes:
    todo lo ha desolado el enemigo en el Templo.
    4
    Tus adversarios rugían en medio de tu lugar sagrado;
    izaron como insignia sus propias insignias.
    5
    Se parecían a los que blanden las hachas
    subiendo por la espesura del bosque.
    6
    Destrozaron por completo sus puertas
    con hachas y martillos.
    7
    Prendieron fuego a tu Santuario,
    profanaron abatiéndola a tierra la Morada de tu Nombre.
    20
    Mira la alianza: porque los escondrijos de la tierra
    están llenos de cubiles de violencia.
    21
    Que el oprimido no vuelva avergonzado.
    Que el pobre y el desvalido puedan alabar tu Nombre.

  • Evangelio

    Mateo 8:5-17

    5Al entrar en Cafarnaún se le acercó un centurión que le rogó:
    6—Señor, mi criado yace paralítico en casa con dolores muy fuertes.
    7
    Jesús le dijo:
    —Yo iré y le curaré.
    8
    Pero el centurión le respondió:
    —Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Pero basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano.
    9Pues también yo soy un hombre que se encuentra bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes. Le digo a uno: «Vete», y va; y a otro: «Ven», y viene; y a mi siervo: «Haz esto», y lo hace.
    10
    Al oírlo Jesús se admiró y les dijo a los que le seguían:
    —En verdad os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande.
    11Y os digo que muchos de oriente y occidente vendrán y se sentarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos,
    12mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes.
    13
    Y le dijo Jesús al centurión:
    —Vete y que se haga conforme has creído. Y en aquel momento quedó sano el criado.
    14Al llegar Jesús a casa de Pedro vio a la suegra de éste en cama, con fiebre.
    15Le tocó de la mano y le desapareció la fiebre; entonces ella se levantó y se puso a servirle.
    16Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; expulsó a los espíritus con su palabra y curó a todos los enfermos,
    17
    para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
    Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.

viernes, 26 de junio de 2026

Lecturas 26 de Junio de 2026

 

  • Primera Lectura

    2 Reyes 25:1-12

    1El año noveno de su reinado, el día diez del mes décimo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, vino con todo su ejército contra Jerusalén, la sitiaron y construyeron fortificaciones alrededor de ella.
    2La ciudad cercada resistió hasta el año undécimo del rey Sedecías.
    3Pero el día nueve del cuarto mes el hambre arreciaba en la ciudad y no había alimento para el pueblo llano.
    4Entonces fue abierta una brecha en la muralla de la ciudad y todos los soldados huyeron durante la noche por el camino abierto entre los dos muros que hay junto al jardín real, mientras los caldeos rodeaban la ciudad. Aquéllos marcharon por el camino de la Arabá,
    5pero el ejército de los caldeos emprendió la persecución tras el rey, y lo alcanzaron en las llanuras de Jericó. Entonces todo su ejército huyó de su lado.
    6Capturaron al rey y lo condujeron al rey de Babilonia, a Riblá, donde pronunciaron sentencia contra él.
    7Degollaron a los hijos de Sedecías ante sus propios ojos. Luego hizo sacarle los ojos a Sedecías, lo mandó atar con cadenas de bronce y lo hizo conducir a Babilonia.
    8El día siete del mes quinto del año diecinueve del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, Nebuzaradán, jefe de la escolta y servidor del rey de Babilonia, entró en Jerusalén.
    9Incendió el Templo del Señor y el palacio real, y prendió fuego a todas las casas de Jerusalén y a todos los edificios importantes.
    10Toda la tropa de los caldeos, al mando del jefe de la escolta, demolió las murallas alrededor de Jerusalén.
    11Al resto del pueblo que había permanecido en la ciudad, a los prófugos que se habían pasado al rey de Babilonia y a la demás gente, Nebuzaradán, jefe de la escolta, los llevó cautivos.
    12Pero del pueblo llano pobre, el jefe de la escolta dejó a algunos como viñadores y labradores.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 137:1-6

    1
    Junto a los ríos de Babilonia,
    allí nos sentábamos y llorábamos, acordándonos de Sión.
    2
    En los sauces, en medio de ella,
    colgábamos nuestras cítaras.
    3
    Allí, los que nos deportaron nos pedían cantares,
    nuestros opresores, diversión: «Cantadnos canciones de Sión».
    4
    ¿Cómo cantar un cántico del Señor
    en tierra extraña?
    5
    Si me olvido de ti, Jerusalén,
    que se paralice mi diestra;
    6
    que se me pegue la lengua al paladar
    si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalén en el colmo de mi gozo.

  • Evangelio

    Mateo 8:1-4

    1Al bajar del monte le seguía una gran multitud.
    2
    En esto, se le acercó un leproso, se postró ante él y dijo:
    —Señor, si quieres, puedes limpiarme.
    3
    Y extendiendo Jesús la mano, le tocó diciendo:
    —Quiero, queda limpio. Y al instante quedó limpio de la lepra.
    4
    Entonces le dijo Jesús:
    —Mira, no lo digas a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

jueves, 25 de junio de 2026

Lecturas 25 de Junio de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    2 Reyes 24:8-17

    8Yoyaquín tenía dieciocho años cuando comenzó a reinar y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, y era de Jerusalén.
    9Hizo lo malo a los ojos del Señor en todo, tal como lo había hecho su padre.
    10En aquel tiempo los soldados de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron y pusieron sitio a la ciudad.
    11Luego llegó Nabucodonosor, rey de Babilonia, frente a la ciudad, mientras sus soldados estrechaban el cerco sobre ella.
    12Yoyaquín, rey de Judá, salió hacia el rey de Babilonia junto con su madre, sus siervos, sus jefes y sus eunucos, y éste lo tomó prisionero. Era el año octavo de su reinado.
    13Se llevó de allí todos los tesoros del Templo del Señor y los del palacio del rey. Hizo añicos todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para el Santuario del Señor. Sucedió tal como lo había dicho el Señor.
    14Llevó cautiva a Jerusalén entera, a todos los jefes y a todos los guerreros valientes; hizo diez mil cautivos, todos los herreros y cerrajeros. No dejó más que al pueblo llano pobre.
    15Llevó cautivo a Yoyaquín, a la madre del rey, a sus esposas, eunucos y a los hombres importantes del país; los llevó a la cautividad desde Jerusalén a Babilonia.
    16A todos los varones fuertes, siete mil, a los herreros y cerrajeros, mil, a todos los guerreros que podían pelear, el rey de Babilonia los llevó a la cautividad de Babilonia.
    17El rey de Babilonia nombró rey, en lugar de Yoyaquín, a su tío Matanías y le cambió el nombre por el de Sedecías.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 79:1-5, 8-9

    1
    Salmo. De Asaf.
    Dios mío, las naciones han entrado en tu heredad, han profanado tu Templo santo, han reducido a ruinas Jerusalén.
    2
    Han echado los cadáveres de tus siervos
    por comida a las aves del cielo; la carne de tus fieles, a las fieras del campo;
    3
    han derramado su sangre como agua,
    en derredor de Jerusalén, sin que nadie les dé sepultura.
    4
    Hemos venido a ser escarnio de nuestros vecinos,
    burla e irrisión de quienes nos rodean.
    5
    ¿Hasta cuándo, Señor?
    ¿Vas a estar airado para siempre? ¿Hasta cuándo arderán tus celos como fuego?
    8
    No nos recuerdes nuestras culpas antiguas,
    que pronto nos preceda tu compasión, pues estamos en miseria extrema.
    9
    Socórrenos, oh Dios, Salvador nuestro,
    por la gloria de tu Nombre; sálvanos, borra nuestros pecados, por amor de tu Nombre.

  • Evangelio

    Mateo 7:21-29

    21»No todo el que me dice: «Señor, Señor», entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos.
    22Muchos me dirán aquel día: «Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y hemos expulsado los demonios en tu nombre, y hemos hecho prodigios en tu nombre?»
    23Entonces yo declararé ante ellos: «Jamás os he conocido: apartaos de mí, los que obráis la iniquidad».
    24»Por lo tanto, todo el que oye estas palabras mías y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca;
    25y cayó la lluvia y llegaron las riadas y soplaron los vientos: irrumpieron contra aquella casa, pero no se cayó porque estaba cimentada sobre roca.
    26»Pero todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica es como un hombre necio que edificó su casa sobre arena;
    27y cayó la lluvia y llegaron las riadas y soplaron los vientos: se precipitaron contra aquella casa, y se derrumbó y fue tremenda su ruina.
    28Cuando terminó Jesús estos discursos las multitudes quedaron admiradas de su enseñanza,
    29porque les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas.