domingo, 26 de julio de 2026

Lecturas 26 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    1 Reyes 3:5, 7-12

    5
    En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en sueños durante la noche. Y Dios le dijo:
    —Pide qué quieres que te dé.
    7Ahora, Señor, Dios mío, Tú has hecho reinar a tu siervo en lugar de mi padre David. Yo soy un niño pequeño que no sé conducirme;
    8tu siervo está en medio del pueblo que Tú te elegiste, un pueblo numeroso que no puede ser contado ni censado debido a su multitud.
    9Concede a tu siervo un corazón dócil para juzgar a tu pueblo y para saber discernir entre el bien y el mal. Pues, ¿quién podrá juzgar a tu pueblo siendo éste tan grande?
    10Fue grato a los ojos del Señor que Salomón hubiera pedido tal cosa.
    11
    Y Dios le respondió:
    —Porque has hecho esta petición y no has pedido para ti ni muchos años, ni riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino que pediste para ti discernimiento para escuchar juicios,
    12mira que yo he obrado según tus palabras: te he dado un corazón sabio e inteligente; hasta el punto que no ha habido antes otro como tú, ni existirá después.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 119:57, 72, 76-77, 127-130

    57
    (Het) El Señor es mi heredad:
    he prometido guardar tus palabras.
    72
    Mejor es para mí la Ley de tu boca
    que montones de oro y plata.
    76
    Que tu misericordia me consuele,
    según la promesa que hiciste a tu siervo.
    77
    Que me alcance tu compasión, y viviré,
    porque tu Ley es mi deleite.
    127
    Por eso amo tus mandamientos
    más que el oro, que el oro puro.
    128
    Por eso estimo rectos todos tus mandatos,
    y detesto todo sendero falso.
    129
    (Pe) Admirables son tus preceptos,
    por eso los guarda mi alma.
    130
    La revelación de tus palabras ilumina,
    da inteligencia a los sencillos.

  • Segunda Lectura

    Romanos 8:28-30

    28Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio.
    29Porque a los que de antemano eligió también predestinó para que lleguen a ser conformes con la imagen de su Hijo, a fin de que él sea primogénito entre muchos hermanos.
    30Y a los que predestinó también los llamó, y a los que llamó también los justificó, y a los que justificó también los glorificó.

  • Evangelio

    Mateo 13:44-52

    44»El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.
    45»Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas
    46y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.
    47»Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que se echa en el mar y recoge toda clase de cosas.
    48Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera.
    49Así será al fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos
    50y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.
    51
    »¿Habéis entendido todo esto?
    —Sí —le respondieron.
    52
    Él les dijo:
    —Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas.

    OR

    Mateo 13:44-46

    44»El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo.
    45»Asimismo el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas
    46y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra.

sábado, 25 de julio de 2026

Lecturas 25 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    2 Corintios 4:7-15

    7Pero llevamos este tesoro en vasos de barro, para que se reconozca que la sobreabundancia del poder es de Dios y que no proviene de nosotros:
    8en todo atribulados, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados;
    9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados,
    10llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
    11Porque nosotros, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
    12De manera que en nosotros actúe la muerte, y en vosotros la vida.
    13Pero teniendo el mismo espíritu de fe —según lo que está escrito: Creí, por eso hablé—, también nosotros creemos, y por eso hablamos,
    14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos pondrá a su lado con vosotros.
    15Porque todo es para vuestro bien, a fin de que la gracia, multiplicada a través de muchos, haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 126:1-6

    1
    Canto de las subidas.
    Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sión, nos parecía soñar.
    2
    Se nos llenaba de risas la boca,
    la lengua, de cantares de alegría. Entonces se decía entre las naciones: «El Señor ha hecho con ellos cosas grandes».
    3
    El Señor ha hecho con nosotros cosas grandes:
    estamos llenos de alegría.
    4
    Haz volver, Señor, a nuestros cautivos
    como los torrentes del Négueb.
    5
    Los que siembran con lágrimas
    cosechan entre cantares de alegría.
    6
    Al marchar iban llorando,
    llevando las semillas. Al volver vienen cantando, trayendo sus gavillas. 

  • Evangelio

    Mateo 20:20-28

    20Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró ante él para hacerle una petición.
    21
    Él le preguntó:
    —¿Qué quieres? Ella le dijo: —Di que estos dos hijos míos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
    22
    Jesús respondió:
    —No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? —Podemos —le dijeron.
    23
    Él añadió:
    —Beberéis mi cáliz; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde concederlo, sino que es para quienes está dispuesto por mi Padre.
    24Al oír esto, los diez se indignaron contra los dos hermanos.
    25
    Pero Jesús les llamó y les dijo:
    —Sabéis que los que gobiernan las naciones las oprimen y los poderosos las avasallan.
    26No tiene que ser así entre vosotros; al contrario: quien entre vosotros quiera llegar a ser grande, que sea vuestro servidor;
    27y quien entre vosotros quiera ser el primero, que sea vuestro esclavo.
    28De la misma manera que el Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en redención de muchos.

viernes, 24 de julio de 2026

Lecturas 24 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Jeremías 3:14-17

    14»Volved, hijos descastados, —oráculo del Señor— que Yo soy vuestro amo. Os tomaré, a uno de cada ciudad, y dos de cada tribu, y os traeré a Sión.
    15Os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con saber e inteligencia.
    16Cuando os multipliquéis y deis fruto en el país, en aquellos días —oráculo del Señor—, no mencionarán ya el arca de la alianza del Señor, ni se les vendrá a la memoria, ni la recordarán, ni la echarán de menos, ni se hará otra.
    17En aquel tiempo llamarán a Jerusalén «Trono del Señor». Todas las naciones acudirán a ella, a Jerusalén, en el Nombre del Señor, y no seguirán a su perverso y obstinado corazón.

  • Salmo Responsorial

    Jeremías 31:10-13

    10
    ¡Naciones! Escuchad la palabra del Señor.
    Anunciadla en las islas remotas, diciendo: “El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo guardará como pastor a su rebaño,
    11
    pues el Señor redimió a Jacob,
    lo rescató de una mano más fuerte”.
    12
    Vendrán y gritarán de júbilo en lo alto de Sión,
    correrán hacia los bienes del Señor: el trigo, el vino y el aceite, los corderos y terneros. Sus almas serán como huertos regados, y nunca más desfallecerán.
    13
    Entonces reirá la doncella en el baile,
    jóvenes y viejos unidos, trocaré su duelo en gozo, los consolaré y alegraré su pena.

  • Evangelio

    Mateo 13:18-23

    18»Escuchad, pues, vosotros la parábola del sembrador.
    19A todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: esto es lo sembrado junto al camino.
    20Lo sembrado sobre terreno pedregoso es el que oye la palabra, y al momento la recibe con alegría;
    21pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae.
    22Lo sembrado entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y queda estéril.
    23Y lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta.

jueves, 23 de julio de 2026

Lecturas 23 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Jeremías 2:1-3, 7-8, 12-13

    1La palabra del Señor se dirigió a mí diciendo:
    2
    —Vete y grita a los oídos de Jerusalén:
    «Esto dice el Señor: “Me acuerdo de ti, del cariño de tu juventud, del amor de tu desposorio cuando me seguías por el desierto, por tierra sin sembrar.
    3
    Consagrado al Señor estaba Israel,
    primicia de su cosecha. Quien osaba comerla, pagaba su culpa, le alcanzaba la desgracia”» —oráculo del Señor—.
    7
    Pues Yo os traje a una tierra de huertos
    para que comierais sus frutos y sus bienes. Pero llegasteis y profanasteis mi tierra, hicisteis abominable mi heredad.
    8
    Ni siquiera los sacerdotes preguntaron:
    «¿Dónde está el Señor?». Tampoco los guardianes de la Ley me conocieron. Los pastores se rebelaron contra Mí y los profetas profetizaron por Baal, yendo tras lo que nada vale.
    12
    ¡Asombraos, cielos, de esto,
    espantaos, estremeceos al máximo! —oráculo del Señor—,
    13
    que mi pueblo ha cometido dos males:
    me abandonaron a mí, fuente de aguas vivas, y se cavaron aljibes, aljibes agrietados, que no retienen el agua.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 36:6-11

    6
    Señor, tu bondad alcanza hasta los cielos,
    tu fidelidad, hasta las nubes.
    7
    Tu justicia es como montes de Dios,
    tus juicios, como el profundo abismo. Tú, ¡Señor!, salvas a hombres y animales.
    8
    Qué preciosa es tu misericordia, oh Dios.
    A la sombra de tus alas se refugian los hijos de Adán.
    9
    Se sacian de la enjundia de tu Casa,
    les das a beber del torrente de tus delicias.
    10
    Porque en Ti está la fuente de la vida,
    en tu luz vemos la luz.
    11
    Extiende tu misericordia a los que te conocen
    y tu justicia a los rectos de corazón.

  • Evangelio

    Mateo 13:10-17

    10
    Los discípulos se acercaron a decirle:
    —¿Por qué les hablas con parábolas?
    11
    Él les respondió:
    —A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha concedido.
    12Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.
    13Por eso les hablo con parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden.
    14
    Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
    Con el oído oiréis, pero no entenderéis; con la vista miraréis, pero no veréis.
    15
    Porque se ha embotado el corazón
    de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
    16»Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen.
    17Porque en verdad os digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que estáis oyendo y no lo oyeron.

miércoles, 22 de julio de 2026

Lecturas 22 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Jeremías 1:1, 4-10

    1Palabras de Jeremías, hijo de Jilquías, de los sacerdotes residentes en Anatot, en tierra de Benjamín.
    4La palabra del Señor se me dirigió diciendo:
    5
    —Antes de plasmarte en el seno materno, te conocí,
    antes de que salieras de las entrañas, te consagré, te constituí en profeta de las naciones.
    6
    Respondí:
    —¡Ay, Señor Dios mío! Si no sé hablar, que soy muy joven.
    7
    El Señor me contestó:
    —No digas que soy muy joven, porque allá donde te envíe, irás, y todo cuanto te ordene, lo dirás.
    8
    No les tengas miedo,
    que Yo estoy contigo para librarte —oráculo del Señor—.
    9
    El Señor extendió su mano, tocó mi boca, y me dijo:
    —Pongo mis palabras en tu boca.
    10
    Mira, hoy te he constituido sobre las naciones
    y los reinos, para arrancar y abatir, para destruir y arruinar, para edificar y plantar.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 71:1-6, 15, 17

    1
    En Ti, Señor, espero,
    no quede yo avergonzado para siempre.
    2
    Por tu justicia, ven en mi auxilio, ponme a salvo,
    inclina tu oído hacia mí y sálvame.
    3
    Sé para mí la roca de refugio,
    donde acudir de continuo, pues has decretado salvarme, porque Tú eres mi peña, mi fortaleza.
    4
    Dios mío, ponme a salvo de la mano del impío,
    de la garra del perverso y opresor
    5
    Porque Tú eres mi esperanza, Señor, Dios mío,
    mi seguridad desde mi niñez.
    6
    En Ti me he apoyado desde el seno materno;
    desde las entrañas de mi madre Tú eres mi protector. Para Ti mi alabanza continua.
    15
    Mi boca proclamará tu justicia,
    tu salvación todo el día, aunque no sepa contarlas.
    17
    Dios mío, Tú me has instruido desde mi niñez,
    y yo he anunciado tus maravillas hasta hoy.

  • Evangelio

    Juan 20:1-2, 11-18

    1El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro.
    2
    Entonces echó a correr, llegó hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo:
    —Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
    11María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,
    12y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido colocado el cuerpo de Jesús.
    13
    Ellos dijeron:
    —Mujer, ¿por qué lloras? —Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto —les respondió.
    14Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.
    15
    Le dijo Jesús:
    —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: —Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
    16
    Jesús le dijo:
    —¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: —¡Rabbuni! —que quiere decir: «Maestro».
    17
    Jesús le dijo:
    —Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete donde están mis hermanos y diles: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios».
    18
    Fue María Magdalena y anunció a los discípulos:
    —¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.

  • Primera Lectura

    El Cantar de los Cantares 3:1-4

    1
    En mi lecho, por las noches,
    busqué al que ama mi alma, y no lo encontré.
    2
    Me levantaré y rondaré por la ciudad,
    por calles y plazas, buscaré al que ama mi alma. Lo busqué, pero no lo encontré.
    3
    Me encontraron los guardias
    que rondan por la ciudad: «¿Habéis visto al que ama mi alma?»
    4
    Apenas los pasé, cuando encontré
    al que ama mi alma. Lo abracé y no lo soltaré hasta hacerlo entrar en casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió.

    OR

    2 Corintios 5:14-17

    14Porque el amor de Cristo nos urge, persuadidos de que si uno murió por todos, en consecuencia todos murieron.
    15Y murió por todos a fin de que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
    16De manera que desde ahora no conocemos a nadie según la carne; y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no le conocemos así.
    17Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 63:2-6, 8-9

    2
    Oh Dios, Tú eres mi Dios, al alba te busco,
    mi alma tiene sed de Ti, por Ti mi carne desfallece, en tierra desierta y seca, sin agua.
    3
    Por eso te contemplo en el Santuario,
    para ver tu poder y tu gloria
    4
    Tu misericordia vale más que la vida,
    mis labios te alabarán.
    5
    Así, te bendeciré toda mi vida,
    a tu Nombre alzaré mis manos.
    6
    Como de enjundia y de grosura
    se saciará mi alma, y con labios jubilosos te alabará mi boca.
    8
    porque Tú eres mi socorro,
    canto gozoso a la sombra de tus alas.
    9
    A Ti se aferra mi alma,
    tu diestra me sostiene.

  • Evangelio

    Juan 20:1-2, 11-18

    1El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro.
    2
    Entonces echó a correr, llegó hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo:
    —Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
    11María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro,
    12y vio a dos ángeles de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies, donde había sido colocado el cuerpo de Jesús.
    13
    Ellos dijeron:
    —Mujer, ¿por qué lloras? —Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto —les respondió.
    14Dicho esto, se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús.
    15
    Le dijo Jesús:
    —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: —Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
    16
    Jesús le dijo:
    —¡María! Ella, volviéndose, exclamó en hebreo: —¡Rabbuni! —que quiere decir: «Maestro».
    17
    Jesús le dijo:
    —Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete donde están mis hermanos y diles: «Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios».
    18
    Fue María Magdalena y anunció a los discípulos:
    —¡He visto al Señor!, y me ha dicho estas cosas.