jueves, 2 de abril de 2026

Lecturas 2 de Abril de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Éxodo 12:1-8, 11-14

    1El Señor habló a Moisés y a Aarón en el país de Egipto, diciendo:
    2—Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
    3Hablad a toda la comunidad de Israel diciendo: «El día diez de este mes tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa.
    4Si la familia es demasiado pequeña para consumirlo, se unirá con su vecino más próximo hasta completar el número de personas suficiente para comer la res entera.
    5Ha de ser un animal sin defecto, macho, de un año, escogido de entre los corderos o cabritos.
    6Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes y toda la asamblea de la comunidad de Israel lo inmolará entre dos luces.
    7Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde se va a comer.
    8Comerán la carne esa misma noche; la comerán asada al fuego, con panes ácimos y hierbas amargas.
    11»Lo habéis de comer así: ceñidas vuestras cinturas, las sandalias en los pies, y el bastón en vuestras manos; lo comeréis deprisa: pues es la Pascua del Señor.
    12Esta noche pasaré por el país de Egipto y heriré a todo primogénito del país de Egipto, tanto de hombres como de animales; y haré justicia sobre los dioses de Egipto. Yo, el Señor.
    13La sangre será vuestra señal sobre las casas donde estéis; cuando yo vea la sangre pasaré de largo sobre vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
    14Este día será para vosotros memorable y lo celebraréis como fiesta del Señor; lo celebraréis como institución perpetua de generación en generación.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 116:12-13, 15-18

    12
    ¿Cómo pagaré al Señor
    todo el bien que me ha dado?
    13
    Alzaré la copa de la salvación
    e invocaré el Nombre del Señor.
    15
    Preciosa es a los ojos del Señor
    la muerte de sus fieles.
    16
    ¡Ah, Señor, yo soy tu siervo,
    tu siervo soy, el hijo de tu esclava! Tú has soltado mis cadenas.
    17
    Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias,
    e invocaré el Nombre del Señor.
    18
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo su pueblo,

  • Segunda Lectura

    1 Corintios 11:23-26

    23Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
    24y dando gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se da por vosotros; haced esto en memoria mía».
    25Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis, hacedlo en memoria mía».
    26Porque cada vez que coméis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.

  • Evangelio

    Juan 13:1-15

    1La víspera de la fiesta de Pascua, como Jesús sabía que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
    2Y mientras celebraban la cena, cuando el diablo ya había sugerido en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, que lo entregara,
    3como Jesús sabía que todo lo había puesto el Padre en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía,
    4se levantó de la cena, se quitó el manto, tomó una toalla y se la puso a la cintura.
    5Después echó agua en una jofaina, y empezó a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había puesto a la cintura.
    6
    Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:
    —Señor, ¿tú me vas a lavar a mí los pies?
    7—Lo que yo hago no lo entiendes ahora —respondió Jesús—. Lo comprenderás después.
    8
    Le dijo Pedro:
    —No me lavarás los pies jamás. —Si no te lavo, no tendrás parte conmigo —le respondió Jesús.
    9
    Simón Pedro le replicó:
    —Entonces, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.
    10
    Jesús le dijo:
    —El que se ha bañado no tiene necesidad de lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos
    11—como sabía quién le iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».
    12
    Después de lavarles los pies se puso el manto, se recostó a la mesa de nuevo y les dijo:
    —¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?
    13Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y tenéis razón, porque lo soy.
    14Pues si yo, que soy el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
    15Os he dado ejemplo para que, como yo he hecho con vosotros, también lo hagáis vosotros.

miércoles, 1 de abril de 2026

Lecturas 1 de Abril de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Isaías 50:4-9

    4
    El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo
    para saber alentar al abatido con palabra que incita. Por la mañana, cada mañana, incita mi oído a escuchar como los discípulos.
    5
    El Señor Dios me ha abierto el oído,
    yo no me he rebelado, no me he echado atrás.
    6
    He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban,
    y mis mejillas a quienes me arrancaban la barba. No he ocultado mi rostro a las afrentas y salivazos.
    7
    El Señor Dios me sostiene,
    por eso no me siento avergonzado; por eso he endurecido mi rostro como el pedernal y sé que no quedaré avergonzado.
    8
    Cerca está el que me justifica,
    ¿quién litigará conmigo? Comparezcamos juntos. ¿Quién es mi adversario? Que se acerque a mí.
    9
    Mirad: el Señor Dios me sostiene,
    ¿quién podrá condenarme? Todos ellos se gastarán como un vestido, la polilla los devorará.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 69:8-10, 21-22, 31, 33-34

    8
    Por Ti he soportado el oprobio,
    la ignominia me ha cubierto el rostro.
    9
    He llegado a ser un extraño para mis hermanos,
    y un extranjero para los hijos de mi madre.
    10
    Porque el celo de tu Casa me devora,
    las afrentas de los que te afrentan caen sobre mí.
    21
    El oprobio me ha destrozado el corazón, desfallezco.
    He esperado ser compadecido, pero nada, consoladores, pero no los hallé.
    22
    Me daban hiel por comida,
    cuando tenía sed me escanciaban vinagre.
    31
    Ensalzaré el Nombre de Dios con un cántico,
    y proclamaré su grandeza con la acción de gracias,
    33
    Que lo vean los pobres y se alegren.
    Los que buscáis a Dios, reanimad vuestro corazón.
    34
    Porque el Señor escucha a los necesitados,
    no desdeña a sus cautivos.

  • Evangelio

    Mateo 26:14-25

    14Entonces, uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue donde los príncipes de los sacerdotes
    15
    a decirles:
    —¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
    16Desde entonces buscaba la ocasión propicia para entregárselo.
    17
    El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron:
    —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
    18
    Jesús respondió:
    —Id a la ciudad, a casa de tal persona, y comunicadle: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos”».
    19Los discípulos lo hicieron tal y como les había mandado Jesús, y prepararon la Pascua.
    20Al anochecer se recostó a la mesa con los doce.
    21
    Y cuando estaban cenando, dijo:
    —En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
    22
    Y, muy entristecidos, comenzaron a decirle cada uno:
    —¿Acaso soy yo, Señor?
    23
    Pero él respondió:
    —El que moja la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar.
    24Ciertamente el Hijo del Hombre se va, según está escrito sobre él; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
    25
    Tomando la palabra Judas, el que iba a entregarlo, dijo:
    —¿Acaso soy yo, Rabbí? —Tú lo has dicho —le respondió.

martes, 31 de marzo de 2026

Lecturas 31 de Marzo de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Isaías 49:1-6

    1
    ¡Escuchadme, islas! ¡Poned atención, pueblos lejanos!
    El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronunció mi nombre.
    2
    Hizo de mi boca espada afilada,
    a la sombra de su mano me encubrió; hizo de mí una flecha aguzada, y me guardó en su aljaba.
    3
    Y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
    en quien me glorío».
    4
    Yo me decía: «En balde me he fatigado,
    inútilmente y en vano he gastado mi fuerza. Sin embargo, mi juicio pertenece al Señor, y mi recompensa está en mi Dios».
    5
    Ahora dice el Señor,
    el que me formó desde el seno materno para ser su siervo, para hacer que Jacob volviese a Él y para reunirle a Israel, pues soy estimado a los ojos del Señor y mi Dios ha venido a ser mi fortaleza:
    6
    «Muy poco es que seas siervo mío
    para restaurar las tribus de Jacob y hacer volver a los supervivientes de Israel. Te he puesto para ser luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta los extremos de la tierra».

  • Salmo Responsorial

    Salmo 71:1-6, 15, 17

    1
    En Ti, Señor, espero,
    no quede yo avergonzado para siempre.
    2
    Por tu justicia, ven en mi auxilio, ponme a salvo,
    inclina tu oído hacia mí y sálvame.
    3
    Sé para mí la roca de refugio,
    donde acudir de continuo, pues has decretado salvarme, porque Tú eres mi peña, mi fortaleza.
    4
    Dios mío, ponme a salvo de la mano del impío,
    de la garra del perverso y opresor
    5
    Porque Tú eres mi esperanza, Señor, Dios mío,
    mi seguridad desde mi niñez.
    6
    En Ti me he apoyado desde el seno materno;
    desde las entrañas de mi madre Tú eres mi protector. Para Ti mi alabanza continua.
    15
    Mi boca proclamará tu justicia,
    tu salvación todo el día, aunque no sepa contarlas.
    17
    Dios mío, Tú me has instruido desde mi niñez,
    y yo he anunciado tus maravillas hasta hoy.

  • Evangelio

    Juan 13:21-33, 36-38

    21
    Cuando dijo esto Jesús se conmovió en su espíritu, y declaró:
    —En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
    22Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a quién se refería.
    23Estaba recostado en el pecho de Jesús uno de los discípulos, el que Jesús amaba.
    24
    Simón Pedro le hizo señas y le dijo:
    —Pregúntale quién es ése del que habla.
    25
    Él, que estaba recostado sobre el pecho de Jesús, le dice:
    —Señor, ¿quién es?
    26
    Jesús le responde:
    —Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar. Y después de mojar el bocado, se lo da a Judas, hijo de Simón Iscariote.
    27
    Entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Y Jesús le dijo:
    —Lo que vas a hacer, hazlo pronto.
    28Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió con qué fin le dijo esto,
    29pues algunos pensaban que, como Judas tenía la bolsa, Jesús le decía: «Compra lo que necesitamos para la fiesta», o «da algo a los pobres».
    30Aquél, después de tomar el bocado, salió enseguida. Era de noche.
    31
    Cuando salió, dijo Jesús:
    —Ahora es glorificado el Hijo del Hombre y Dios es glorificado en él.
    32Si Dios es glorificado en él, también Dios le glorificará a él en sí mismo; y pronto le glorificará.
    33»Hijos, todavía estoy un poco con vosotros. Me buscaréis y como les dije a los judíos: «Adonde yo voy, vosotros no podéis venir», lo mismo os digo ahora a vosotros.
    36
    Le dijo Simón Pedro:
    —Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: —Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde.
    37
    Pedro le dijo:
    —Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti.
    38
    Respondió Jesús:
    —¿Tú darás la vida por mí? En verdad, en verdad te digo que no cantará el gallo sin que me hayas negado tres veces.

lunes, 30 de marzo de 2026

Lecturas 30 de Marzo de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Isaías 42:1-7

    1
    Mira a mi siervo, a quien sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma.
    He puesto mi Espíritu sobre él: llevará el derecho a las naciones.
    2
    No gritará, ni chillará,
    no hará oír su voz en la calle.
    3
    No quebrará la caña cascada,
    ni apagará el pabilo vacilante. Dictará sentencia según la verdad.
    4
    No desfallecerá ni se doblará
    hasta que establezca el derecho en la tierra. Las islas esperarán su ley.
    5
    Así dice el Señor Dios,
    el que creó los cielos y los desplegó, el que asentó la tierra y cuanto surge en ella, el que da el aliento al pueblo que la habita y el hálito a quienes andan por ella:
    6
    «Yo, el Señor, te he llamado en justicia,
    te he tomado de la mano, te he guardado y te he destinado para alianza del pueblo, para luz de las naciones,
    7
    para abrir los ojos de los ciegos,
    para sacar de la prisión a los cautivos y del calabozo a los que yacen en tinieblas.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 27:1-3, 13-14

    1
    De David.
    El Señor es mi luz y mi salvación: ¿a quién temeré? El Señor es el refugio de mi vida: ¿de quién tendré miedo?
    2
    Cuando se me acercan malhechores
    para devorar mi carne, mis opresores y enemigos, ellos tropiezan y caen.
    3
    Aunque acampe contra mí un ejército,
    mi corazón no teme. Aunque se levante contra mí la guerra, me siento seguro.
    13
    Seguro estoy de ver la bondad del Señor
    en la tierra de los vivos.
    14
    Espera en el Señor, sé recio,
    que se reanime tu corazón. ¡Espera en el Señor! 

  • Evangelio

    Juan 12:1-11

    1Jesús, seis días antes de la Pascua, marchó a Betania, donde estaba Lázaro, al que Jesús había resucitado de entre los muertos.
    2Allí le prepararon una cena. Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban a la mesa con él.
    3María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se llenó de la fragancia del perfume.
    4Dijo Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que le iba a entregar:
    5—¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?
    6Pero esto lo dijo no porque él se preocupara de los pobres, sino porque era ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella.
    7
    Entonces dijo Jesús:
    —Dejadle que lo emplee para el día de mi sepultura,
    8porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.
    9Una gran multitud de judíos se enteró de que estaba allí, y fueron no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
    10Y los príncipes de los sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro,
    11porque muchos, por su causa, se apartaban de los judíos y creían en Jesús.

domingo, 29 de marzo de 2026

Lecturas 29 de Marzo de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Isaías 50:4-7

    4
    El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo
    para saber alentar al abatido con palabra que incita. Por la mañana, cada mañana, incita mi oído a escuchar como los discípulos.
    5
    El Señor Dios me ha abierto el oído,
    yo no me he rebelado, no me he echado atrás.
    6
    He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban,
    y mis mejillas a quienes me arrancaban la barba. No he ocultado mi rostro a las afrentas y salivazos.
    7
    El Señor Dios me sostiene,
    por eso no me siento avergonzado; por eso he endurecido mi rostro como el pedernal y sé que no quedaré avergonzado.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 22:8-9, 17-20, 23-24

    8
    Al verme, todos hacen burla de mí,
    tuercen los labios, mueven la cabeza:
    9
    «Confió en el Señor: que lo salve Él,
    que lo libre, si es que lo ama».
    17
    Me rodea una jauría de perros,
    me asedia una banda de malvados. Han taladrado mis manos y mis pies.
    18
    Puedo contar todos mis huesos.
    Ellos miran, me observan,
    19
    se reparten mis ropas
    y echan a suertes mi túnica.
    20
    Pero Tú, Señor, no te alejes.
    Fuerza mía, date prisa en socorrerme.
    23
    Anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
    te alabaré en medio de la asamblea.
    24
    Los que teméis al Señor, alabadle;
    estirpe toda de Jacob, glorificadle, temedle, estirpe toda de Israel.

  • Segunda Lectura

    Filipenses 2:6-11

    6
    el cual, siendo de condición divina,
    no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios,
    7
    sino que se anonadó a sí mismo
    tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y, mostrándose igual que los demás hombres,
    8
    se humilló a sí mismo haciéndose obediente
    hasta la muerte, y muerte de cruz.
    9
    Y por eso Dios lo exaltó
    y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre;
    10
    para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
    en los cielos, en la tierra y en los abismos,
    11
    y toda lengua confiese:
    «¡Jesucristo es el Señor!», para gloria de Dios Padre.

  • Evangelio

    Mateo 26:14--27:66

    26
    14Entonces, uno de los doce, el que se llamaba Judas Iscariote, fue donde los príncipes de los sacerdotes
    15
    a decirles:
    —¿Qué me queréis dar a cambio de que os lo entregue? Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata.
    16Desde entonces buscaba la ocasión propicia para entregárselo.
    17
    El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le dijeron:
    —¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
    18
    Jesús respondió:
    —Id a la ciudad, a casa de tal persona, y comunicadle: «El Maestro dice: “Mi tiempo está cerca; voy a celebrar en tu casa la Pascua con mis discípulos”».
    19Los discípulos lo hicieron tal y como les había mandado Jesús, y prepararon la Pascua.
    20Al anochecer se recostó a la mesa con los doce.
    21
    Y cuando estaban cenando, dijo:
    —En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar.
    22
    Y, muy entristecidos, comenzaron a decirle cada uno:
    —¿Acaso soy yo, Señor?
    23
    Pero él respondió:
    —El que moja la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar.
    24Ciertamente el Hijo del Hombre se va, según está escrito sobre él; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado el Hijo del Hombre! Más le valdría a ese hombre no haber nacido.
    25
    Tomando la palabra Judas, el que iba a entregarlo, dijo:
    —¿Acaso soy yo, Rabbí? —Tú lo has dicho —le respondió.
    26
    Mientras cenaban, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, se lo dio a sus discípulos y dijo:
    —Tomad y comed, esto es mi cuerpo.
    27
    Y tomando el cáliz y habiendo dado gracias, se lo dio diciendo:
    —Bebed todos de él;
    28porque ésta es mi sangre de la nueva alianza, que es derramada por muchos para remisión de los pecados.
    29Os aseguro que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta aquel día en que beba con vosotros el nuevo, en el Reino de mi Padre.
    30Después de recitar el himno, salieron hacia el Monte de los Olivos.
    31
    Entonces les dijo Jesús:
    —Todos vosotros os escandalizaréis esta noche por mi causa, pues escrito está: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.
    32»Pero, después de que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.
    33
    Pedro le respondió:
    —Aunque todos se escandalicen por tu causa, yo nunca me escandalizaré.
    34
    Jesús le replicó:
    —En verdad te digo que esta misma noche, antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces.
    35
    Pedro contestó:
    —Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré. Todos los discípulos dijeron lo mismo.
    36
    Entonces llega Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní, y les dice a los discípulos:
    —Sentaos aquí mientras me voy allí a orar.
    37Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a sentir angustia.
    38
    Entonces les dice:
    —Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad conmigo.
    39
    Y adelantándose un poco, se postró rostro en tierra mientras oraba diciendo:
    —Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no sea tal como yo quiero, sino como quieres tú.
    40
    Vuelve junto a sus discípulos y los encuentra dormidos; entonces le dice a Pedro:
    —¿Ni siquiera habéis sido capaces de velar una hora conmigo?
    41Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil.
    42
    De nuevo se apartó, por segunda vez, y oró diciendo:
    —Padre mío, si no es posible que esto pase sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
    43Al volver los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados de sueño.
    44Y, dejándolos, se apartó una vez más, y oró por tercera vez repitiendo las mismas palabras.
    45
    Finalmente, va junto a sus discípulos y les dice:
    —Ya podéis dormir y descansar… Mirad, ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
    46Levantaos, vamos; ya llega el que me va a entregar.
    47Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los doce, acompañado de un gran tropel de gente con espadas y palos, enviados por los príncipes de los sacerdotes y por los ancianos del pueblo.
    48El que le entregó les había dado esta señal: «Al que yo bese, ése es: prendedlo».
    49
    Y enseguida se acercó a Jesús y le dijo:
    —Salve, Rabbí —y le besó.
    50
    Pero Jesús le dijo:
    —Amigo, ¡haz lo que has venido a hacer! Entonces, se acercaron, echaron mano a Jesús y lo apresaron.
    51De pronto, uno de los que estaban con Jesús se llevó la mano a la espada, la desenvainó, e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja.
    52
    Entonces le dijo Jesús:
    —Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que recurren a la espada, a espada perecerán.
    53¿O piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
    54Entonces, ¿cómo se van a cumplir las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?
    55
    En aquel momento le dijo Jesús a la gente:
    —¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos a prenderme? Todos los días me sentaba a enseñar en el Templo, y no me prendisteis.
    56
    Todo esto sucedió para que se cumplieran las Escrituras de los Profetas.
    Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
    57Los que habían prendido a Jesús le condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
    58Pedro, por su parte, le seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote; y, una vez dentro, se sentó con los sirvientes para ver el desenlace.
    59Los príncipes de los sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban un falso testimonio contra Jesús para darle muerte;
    60pero no lo encontraron a pesar de los muchos falsos testigos presentados. Por último, se presentaron dos
    61
    que declararon:
    —Éste ha dicho: «Puedo destruir el Templo de Dios y en tres días edificarlo».
    62
    Y el sumo sacerdote se puso de pie para decirle:
    —¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos testifican contra ti?
    63
    Pero Jesús permanecía en silencio. Entonces el sumo sacerdote le dijo:
    —Te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.
    64—Tú lo has dicho —le respondió Jesús—. Además os digo que en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo.
    65
    Entonces el sumo sacerdote se rasgó las vestiduras diciendo:
    —¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ya lo veis, acabáis de oír la blasfemia.
    66
    ¿Qué os parece?
    —Es reo de muerte —respondieron ellos.
    67Entonces comenzaron a escupirle en la cara y a darle bofetadas. Los que le abofeteaban
    68
    decían:
    —Profetízanos, Cristo, ¿quién es el que te ha pegado?
    69
    Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo:
    —Tú también estabas con Jesús el Galileo.
    70
    Pero él lo negó delante de todos:
    —No sé de qué hablas.
    71
    Al salir al portal le vio otra, y les dijo a los que había allí:
    —Éste estaba con Jesús el Nazareno.
    72
    De nuevo lo negó con juramento:
    —No conozco a ese hombre.
    73
    Un poco después se acercaron los que estaban allí y le dijeron a Pedro:
    —Desde luego tú también eres de ellos, porque tu acento lo manifiesta.
    74
    Entonces comenzó a imprecar y a jurar:
    —¡No conozco a ese hombre! Y al momento cantó un gallo.
    75Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces». Y salió afuera y lloró amargamente.
    27
    1Al llegar el amanecer, todos los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se pusieron de acuerdo contra Jesús para darle muerte.
    2Y atándolo, lo llevaron y lo entregaron al procurador Pilato.
    3Entonces Judas, el que le entregó, al ver que había sido condenado, movido por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los príncipes de los sacerdotes y ancianos:
    4
    —He pecado entregando sangre inocente —dijo.
    —¿A nosotros qué nos importa? Tú verás —dijeron ellos.
    5Y, después de arrojar las monedas de plata en el Templo, fue y se ahorcó.
    6
    Los príncipes de los sacerdotes recogieron las monedas de plata y dijeron:
    —No es lícito echarlas al tesoro del Templo, porque son precio de sangre.
    7Y, después de ponerse de acuerdo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para sepultura de peregrinos;
    8por lo cual ese campo se ha llamado, hasta el día de hoy, «Campo de sangre».
    9Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías: Y tomaron las treinta monedas de plata, precio en que fue valorado aquel a quien tasaron los hijos de Israel;
    10y las dieron para el campo del alfarero, tal como me lo ordenó el Señor.
    11
    Hicieron comparecer a Jesús ante el procurador. El procurador le interrogó:
    —¿Eres tú el Rey de los Judíos? —Tú lo dices —contestó Jesús.
    12Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.
    13
    Entonces le dijo Pilato:
    —¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti?
    14Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó muy admirado.
    15En el día de la fiesta, el procurador tenía costumbre de conceder a la gente la libertad de uno de los presos, el que quisieran.
    16Había por aquel entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.
    17
    Así que cuando ellos se reunieron, les dijo Pilato:
    —¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?
    18—pues sabía que le habían entregado por envidia.
    19
    Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
    —No te mezcles en el asunto de ese justo; porque hoy en sueños he sufrido mucho por su causa.
    20Pero los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiese a Barrabás e hiciese morir a Jesús.
    21
    El procurador les preguntó:
    —¿A quién de los dos queréis que os suelte? —A Barrabás —respondieron ellos.
    22
    Pilato les dijo:
    —¿Y entonces qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo? Todos contestaron: —¡Que lo crucifiquen!
    23
    Les preguntó:
    —¿Y qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: —¡Que lo crucifiquen!
    24
    Al ver Pilato que no adelantaba nada, sino que el tumulto iba a más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo:
    —Soy inocente de esta sangre; vosotros veréis.
    25
    Y todo el pueblo gritó:
    —¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
    26Así que les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.
    27Entonces los soldados del procurador condujeron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte.
    28Le desnudaron, le cubrieron con una túnica roja,
    29
    y le pusieron en la cabeza una corona de espinas que habían trenzado y en la mano derecha una caña. Se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo:
    —Salve, Rey de los Judíos.
    30Le escupían, y le quitaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
    31Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le colocaron sus vestidos y lo llevaron a crucificar.
    32Cuando salían encontraron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón, y le forzaron a que le llevara la cruz.
    33Llegaron al lugar llamado Gólgota, es decir, «lugar de la Calavera».
    34Y le dieron a beber vino mezclado con hiel; y lo probó pero no quiso beber.
    35Después de crucificarlo, se repartieron sus ropas echando suertes.
    36Y allí, sentados, le custodiaban.
    37Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: «Éste es Jesús, el Rey de los Judíos».
    38Luego fueron crucificados con él dos ladrones: uno a la derecha y otro a la izquierda.
    39Los que pasaban le injuriaban moviendo la cabeza
    40
    y diciendo:
    —Tú que destruyes el Templo y en tres días lo edificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.
    41Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes se burlaban a una con los escribas y ancianos, y decían:
    42—Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. Es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
    43Confió en Dios, que le salve ahora si le quiere de verdad, porque dijo: «Soy Hijo de Dios».
    44Incluso los ladrones que habían sido crucificados con él le insultaban de la misma manera.
    45Toda la tierra se cubrió de tinieblas desde la hora sexta hasta la hora nona.
    46
    Hacia la hora nona Jesús clamó con fuerte voz:
    —Elí, Elí, ¿lemá sabacthaní? —es decir, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    47
    Algunos de los allí presentes, al oírlo, decían:
    —Éste llama a Elías.
    48E inmediatamente uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre, la sujetó en una caña y se lo dio a beber.
    49
    Los demás decían:
    —¡Déjalo! Vamos a ver si viene Elías a salvarle.
    50Pero Jesús, dando de nuevo una fuerte voz, entregó el espíritu.
    51Y en esto el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se partieron;
    52se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de los santos, que habían muerto, resucitaron.
    53Y saliendo de los sepulcros, después de que él resucitara, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
    54
    El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de gran temor y dijeron:
    —En verdad éste era Hijo de Dios.
    55Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, las que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle.
    56Entre ellas estaban María Magdalena, María —la madre de Santiago y de José— y la madre de los hijos de Zebedeo.
    57Al atardecer vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también él se había hecho discípulo de Jesús.
    58Éste se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato, entonces, ordenó que se lo entregaran.
    59Y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
    60y lo puso en su sepulcro, que era nuevo y que había mandado excavar en la roca. Hizo rodar una gran piedra a la puerta del sepulcro y se marchó.
    61Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro.
    62Al día siguiente de la Parasceve se reunieron los príncipes de los sacerdotes y los fariseos ante Pilato
    63
    y le dijeron:
    —Señor, nos hemos acordado de que ese impostor dijo en vida: «Al tercer día resucitaré».
    64Manda, por eso, custodiar el sepulcro hasta el tercer día, no vaya a ser que vengan sus discípulos, lo roben y digan al pueblo: «Ha resucitado de entre los muertos», y sea la última impostura peor que la primera.
    65
    Pilato les respondió:
    —Ahí tenéis la guardia; id a custodiarlo como os parezca bien.
    66Ellos se fueron a asegurar el sepulcro sellando la piedra y poniendo la guardia.

    OR

    Mateo 27:11-54

    11
    Hicieron comparecer a Jesús ante el procurador. El procurador le interrogó:
    —¿Eres tú el Rey de los Judíos? —Tú lo dices —contestó Jesús.
    12Y aunque le acusaban los príncipes de los sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.
    13
    Entonces le dijo Pilato:
    —¿No oyes cuántas cosas alegan contra ti?
    14Y no le respondió a pregunta alguna, de tal manera que el procurador quedó muy admirado.
    15En el día de la fiesta, el procurador tenía costumbre de conceder a la gente la libertad de uno de los presos, el que quisieran.
    16Había por aquel entonces un preso famoso que se llamaba Barrabás.
    17
    Así que cuando ellos se reunieron, les dijo Pilato:
    —¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?
    18—pues sabía que le habían entregado por envidia.
    19
    Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
    —No te mezcles en el asunto de ese justo; porque hoy en sueños he sufrido mucho por su causa.
    20Pero los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud para que pidiese a Barrabás e hiciese morir a Jesús.
    21
    El procurador les preguntó:
    —¿A quién de los dos queréis que os suelte? —A Barrabás —respondieron ellos.
    22
    Pilato les dijo:
    —¿Y entonces qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo? Todos contestaron: —¡Que lo crucifiquen!
    23
    Les preguntó:
    —¿Y qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban más fuerte: —¡Que lo crucifiquen!
    24
    Al ver Pilato que no adelantaba nada, sino que el tumulto iba a más, tomó agua y se lavó las manos ante el pueblo diciendo:
    —Soy inocente de esta sangre; vosotros veréis.
    25
    Y todo el pueblo gritó:
    —¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!
    26Así que les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuera crucificado.
    27Entonces los soldados del procurador condujeron a Jesús al pretorio y reunieron en torno a él a toda la cohorte.
    28Le desnudaron, le cubrieron con una túnica roja,
    29
    y le pusieron en la cabeza una corona de espinas que habían trenzado y en la mano derecha una caña. Se arrodillaban ante él y se burlaban diciendo:
    —Salve, Rey de los Judíos.
    30Le escupían, y le quitaban la caña y le golpeaban en la cabeza.
    31Después de reírse de él, le despojaron de la túnica, le colocaron sus vestidos y lo llevaron a crucificar.
    32Cuando salían encontraron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón, y le forzaron a que le llevara la cruz.
    33Llegaron al lugar llamado Gólgota, es decir, «lugar de la Calavera».
    34Y le dieron a beber vino mezclado con hiel; y lo probó pero no quiso beber.
    35Después de crucificarlo, se repartieron sus ropas echando suertes.
    36Y allí, sentados, le custodiaban.
    37Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: «Éste es Jesús, el Rey de los Judíos».
    38Luego fueron crucificados con él dos ladrones: uno a la derecha y otro a la izquierda.
    39Los que pasaban le injuriaban moviendo la cabeza
    40
    y diciendo:
    —Tú que destruyes el Templo y en tres días lo edificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.
    41Del mismo modo, los príncipes de los sacerdotes se burlaban a una con los escribas y ancianos, y decían:
    42—Salvó a otros, y a sí mismo no puede salvarse. Es el Rey de Israel, que baje ahora de la cruz y creeremos en él.
    43Confió en Dios, que le salve ahora si le quiere de verdad, porque dijo: «Soy Hijo de Dios».
    44Incluso los ladrones que habían sido crucificados con él le insultaban de la misma manera.
    45Toda la tierra se cubrió de tinieblas desde la hora sexta hasta la hora nona.
    46
    Hacia la hora nona Jesús clamó con fuerte voz:
    —Elí, Elí, ¿lemá sabacthaní? —es decir, Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
    47
    Algunos de los allí presentes, al oírlo, decían:
    —Éste llama a Elías.
    48E inmediatamente uno de ellos corrió, tomó una esponja, la empapó en vinagre, la sujetó en una caña y se lo dio a beber.
    49
    Los demás decían:
    —¡Déjalo! Vamos a ver si viene Elías a salvarle.
    50Pero Jesús, dando de nuevo una fuerte voz, entregó el espíritu.
    51Y en esto el velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló y las piedras se partieron;
    52se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de los santos, que habían muerto, resucitaron.
    53Y saliendo de los sepulcros, después de que él resucitara, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
    54
    El centurión y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de gran temor y dijeron:
    —En verdad éste era Hijo de Dios.