lunes, 16 de marzo de 2026

Lecturas 16 de Marzo de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    Isaías 65:17-21

    17
    Porque he aquí que
    Yo creo unos cielos nuevos y una tierra nueva. Las cosas pasadas no serán recordadas, ni vendrán a la memoria.
    18
    Al contrario, alegraos y regocijaos eternamente
    de lo que Yo voy a crear, pues voy a crear a Jerusalén para el gozo, y a su pueblo para la alegría.
    19
    Me gozaré en Jerusalén
    y me alegraré en su pueblo, y no se oirán más en ella voces de llanto ni clamor de gemidos.
    20
    Ya no habrá allí niño que viva pocos días,
    ni anciano que no colme sus días, pues se considerará que era joven el que muera centenario, y a quien no llegue a los cien años se le tendrá por maldito.
    21
    Edificarán casas y las habitarán,
    plantarán viñas y comerán de sus frutos.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 30:2, 4-6, 11-13

    2
    Te ensalzaré, Señor, porque me has librado,
    no has dejado a mis enemigos alegrarse a mi costa.
    4
    Señor, sacaste mi alma del sheol,
    me hiciste revivir cuando bajaba a la tumba.
    5
    Entonad, fieles, salmos al Señor,
    alabad su santo Nombre,
    6
    porque su ira dura un instante,
    su bondad, toda la vida; al atardecer se hospeda el llanto, al amanecer, el júbilo.
    11
    Escucha, Señor, ten piedad de mí.
    Señor, sé mi socorro.
    12
    Has cambiado mi llanto en danza,
    has desatado mi saco y me has vestido de alegría.
    13
    Por eso mi corazón te entona salmos sin cesar.
    Señor, Dios mío, te alabaré por siempre. 

  • Evangelio

    Juan 4:43-54

    43Dos días después marchó de allí hacia Galilea.
    44Pues Jesús mismo había dado testimonio de que a un profeta no le honran en su propia tierra.
    45Cuando vino a Galilea, le recibieron los galileos porque habían visto todo cuanto hizo en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta.
    46Entonces vino de nuevo a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaún,
    47el cual, al oír que Jesús venía de Judea hacia Galilea, se le acercó para rogarle que bajase y curara a su hijo, porque estaba a punto de morir.
    48
    Jesús le dijo:
    —Si no veis signos y prodigios, no creéis.
    49
    Le respondió el funcionario real:
    —Señor, baja antes de que se muera mi hijo.
    50
    Jesús le contestó:
    —Vete, tu hijo está vivo. Aquel hombre creyó en la palabra que Jesús le dijo y se marchó.
    51Mientras bajaba, sus siervos le salieron al encuentro diciendo que su hijo estaba vivo.
    52
    Les preguntó la hora en que empezó a mejorar. Le respondieron:
    —Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre.
    53Entonces el padre cayó en la cuenta de que precisamente en aquella hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo». Y creyó él y toda su casa.
    54Este segundo signo lo hizo Jesús cuando vino de Judea a Galilea.

domingo, 15 de marzo de 2026

Lecturas 15 de Marzo de 2026

 

Lecturas diarias:

  • Primera Lectura

    1 Samuel 16:1, 6-7, 10-13

    1
    Dijo el Señor a Samuel:
    —¿Hasta cuándo vas a llorar por Saúl, si yo le he rechazado ya como rey de Israel? Llena el cuerno de aceite y ven, que voy a enviarte a Jesé de Belén, porque he elegido entre sus hijos un rey para mí.
    6Cuando entraron, Samuel vio a Eliab y se dijo: «Seguramente está ante el Señor su ungido».
    7
    Pero el Señor dijo a Samuel:
    —No te fijes en su apariencia, ni en su gran estatura, pues lo he descartado. La mirada de Dios no es como la del hombre. El hombre mira las apariencias pero el Señor mira el corazón.
    10
    Fue llevando Jesé a sus siete hijos, pero Samuel dijo lo mismo:
    —No ha elegido el Señor a ninguno de éstos.
    11
    Samuel dijo entonces a Jesé:
    —¿No te quedan más hijos? Él respondió: —Todavía queda el más pequeño, que está apacentando el rebaño. Samuel dijo a Jesé: —Manda que lo traigan, pues no nos sentaremos hasta que haya llegado.
    12
    Jesé mandó que lo trajeran. Era rubio, de ojos hermosos y de buena presencia.
    El Señor dijo a Samuel: —Levántate y úngelo. Él es.
    13Tomó, pues, Samuel el cuerno de aceite y lo ungió entre sus hermanos. El espíritu del Señor invadió a David desde aquel día. Samuel se levantó y partió hacia Ramá.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 23:1-6

    1
    Salmo. De David.
    El Señor es mi pastor, nada me falta.
    2
    En verdes prados me hace reposar;
    hacia aguas tranquilas me guía;
    3
    reconforta mi alma,
    me conduce por sendas rectas por honor de su Nombre.
    4
    Aunque camine por valles oscuros,
    no temo ningún mal, porque Tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me sosiegan.
    5
    Preparas una mesa para mí
    frente a mis adversarios. Unges con óleo mi cabeza, mi copa rebosa.
    6
    Tu bondad y misericordia me acompañan
    todos los días de mi vida; y habitaré en la Casa del Señor por dilatados días. 

  • Segunda Lectura

    Efesios 5:8-14

    8En otro tiempo erais tinieblas, ahora en cambio sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz,
    9porque el fruto de la luz se manifiesta en toda bondad, justicia y verdad.
    10Sabiendo discernir lo que es agradable al Señor,
    11no participéis en las obras estériles de las tinieblas, antes bien combatidlas,
    12pues lo que éstos hacen a escondidas da vergüenza hasta el decirlo.
    13Todas esas cosas, al ser puestas en evidencia por la luz, quedan a la vista, pues todo lo que se ve es luz.
    14Por eso dice: «Despierta, tú que duermes, álzate de entre los muertos, y Cristo te iluminará».

  • Evangelio

    Juan 9:1-41

    1Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.
    2
    Y le preguntaron sus discípulos:
    —Rabbí, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?
    3
    Respondió Jesús:
    —Ni pecó éste ni sus padres, sino que eso ha ocurrido para que las obras de Dios se manifiesten en él.
    4Es necesario que nosotros hagamos las obras del que me ha enviado mientras es de día, porque llega la noche cuando nadie puede trabajar.
    5Mientras estoy en el mundo soy luz del mundo.
    6Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, lo aplicó en sus ojos
    7
    y le dijo:
    —Anda, lávate en la piscina de Siloé —que significa: «Enviado». Entonces fue, se lavó y volvió con vista.
    8
    Los vecinos y los que le habían visto antes, cuando era mendigo, decían:
    —¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna?
    9
    Unos decían:
    —Sí, es él. Otros en cambio: —De ningún modo, sino que se le parece. Él decía: —Soy yo.
    10
    Y le preguntaban:
    —¿Cómo se te abrieron los ojos?
    11
    Él respondió:
    —Ese hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos y me dijo: «Vete a Siloé y lávate». Así que fui, me lavé y comencé a ver.
    12
    Le dijeron:
    —¿Dónde está ése? Él respondió: —No lo sé.
    13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
    14El día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos era sábado.
    15
    Y los fariseos empezaron otra vez a preguntarle cómo había comenzado a ver. Él les respondió:
    —Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo.
    16
    Entonces algunos de los fariseos decían:
    —Ese hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Pero otros decían: —¿Cómo es que un hombre pecador puede hacer semejantes prodigios? Y había división entre ellos.
    17
    Le dijeron, pues, otra vez al ciego:
    —¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos? —Que es un profeta —respondió.
    18No creyeron los judíos que aquel hombre habiendo sido ciego hubiera llegado a ver, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,
    19
    y les preguntaron:
    —¿Es éste vuestro hijo que decís que nació ciego? ¿Entonces cómo es que ahora ve?
    20
    Respondieron sus padres:
    —Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego.
    21Lo que no sabemos es cómo es que ahora ve. Tampoco sabemos quién le abrió los ojos. Preguntádselo a él, que edad tiene. Él podrá decir de sí mismo.
    22Sus padres dijeron esto porque tenían miedo de los judíos, pues ya habían acordado que si alguien confesaba que él era el Cristo fuese expulsado de la sinagoga.
    23Por eso sus padres dijeron: «Edad tiene, preguntádselo a él».
    24
    Y llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron:
    —Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.
    25
    Él les contestó:
    —Yo no sé si es un pecador. Sólo sé una cosa: que yo era ciego y que ahora veo.
    26
    Entonces le dijeron:
    —¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos?
    27—Ya os lo dije y no lo escuchasteis —les respondió—. ¿Por qué lo queréis oír de nuevo? ¿Es que también vosotros queréis haceros discípulos suyos?
    28
    Ellos le insultaron y dijeron:
    —Discípulo suyo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés.
    29Sabemos que Dios habló a Moisés, pero ése no sabemos de dónde es.
    30
    Aquel hombre les respondió:
    —Esto es precisamente lo asombroso: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto los ojos.
    31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores. En cambio, si uno honra a Dios y hace su voluntad, a ése le escucha.
    32Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento.
    33Si éste no fuera de Dios no hubiese podido hacer nada.
    34
    Ellos le replicaron:
    —Has nacido en pecado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y le echaron fuera.
    35
    Oyó Jesús que le habían echado fuera, y cuando se encontró con él le dijo:
    —¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
    36—¿Y quién es, Señor, para que crea en él? —respondió.
    37
    Le dijo Jesús:
    —Si lo has visto: el que está hablando contigo, ése es.
    38
    Y él exclamó:
    —Creo, Señor —y se postró ante él.
    39
    Dijo Jesús:
    —Yo he venido a este mundo para un juicio, para que los que no ven vean, y los que ven se vuelvan ciegos.
    40
    Algunos de los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron:
    —¿Es que nosotros también somos ciegos?
    41
    Les dijo Jesús:
    —Si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero ahora decís: «Nosotros vemos»; por eso vuestro pecado permanece.

    OR

    Juan 9:1, 6-9, 13-17, 34-38

    1Y al pasar vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.
    6Dicho esto, escupió en el suelo, hizo lodo con la saliva, lo aplicó en sus ojos
    7
    y le dijo:
    —Anda, lávate en la piscina de Siloé —que significa: «Enviado». Entonces fue, se lavó y volvió con vista.
    8
    Los vecinos y los que le habían visto antes, cuando era mendigo, decían:
    —¿No es éste el que estaba sentado y pedía limosna?
    9
    Unos decían:
    —Sí, es él. Otros en cambio: —De ningún modo, sino que se le parece. Él decía: —Soy yo.
    13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego.
    14El día en que Jesús hizo el lodo y le abrió los ojos era sábado.
    15
    Y los fariseos empezaron otra vez a preguntarle cómo había comenzado a ver. Él les respondió:
    —Me puso lodo en los ojos, me lavé y veo.
    16
    Entonces algunos de los fariseos decían:
    —Ese hombre no es de Dios, porque no guarda el sábado. Pero otros decían: —¿Cómo es que un hombre pecador puede hacer semejantes prodigios? Y había división entre ellos.
    17
    Le dijeron, pues, otra vez al ciego:
    —¿Tú qué dices de él, puesto que te ha abierto los ojos? —Que es un profeta —respondió.
    34
    Ellos le replicaron:
    —Has nacido en pecado y ¿nos vas a enseñar tú a nosotros? Y le echaron fuera.
    35
    Oyó Jesús que le habían echado fuera, y cuando se encontró con él le dijo:
    —¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
    36—¿Y quién es, Señor, para que crea en él? —respondió.
    37
    Le dijo Jesús:
    —Si lo has visto: el que está hablando contigo, ése es.
    38
    Y él exclamó:
    —Creo, Señor —y se postró ante él.