jueves, 16 de julio de 2026

Lecturas 16 de Julio de 2026

 

  • Primera Lectura

    Isaías 26:7-9, 12, 16-19

    7
    La senda del justo es recta.
    Tú allanas al justo el sendero recto.
    8
    En la senda de tus juicios, Señor, te hemos esperado;
    tu Nombre y tu recuerdo es el anhelo del alma.
    9
    Mi alma te anhela de noche,
    mi espíritu, dentro de mí, por ti madruga. Cuando tus juicios llegan a la tierra, los que habitan el orbe aprenden la justicia.
    12
    Señor, Tú nos preparas la paz.
    Todas nuestras obras las haces Tú por nosotros.
    16
    En la tribulación, Señor, te buscaron,
    recitaron sortilegios cuando les afligía tu castigo.
    17
    Como la mujer encinta próxima al parto
    se retuerce y grita por sus dolores, así estuvimos delante de Ti, Señor.
    18
    Estábamos encinta, nos retorcíamos,
    pero era como si pariésemos viento. No aportamos salvación al país, ni le han nacido habitantes al orbe.
    19
    ¡Revivirán tus muertos, mis cadáveres se levantarán!
    ¡Despertaos y gritad de gozo los que reposáis en el polvo, que rocío de luces es tu rocío, y la tierra devolverá a los difuntos!

  • Salmo Responsorial

    Salmo 102:13-21

    13
    Tú, en cambio, Señor, permaneces para siempre,
    tu memoria va de generación en generación.
    14
    Tú surgirás, tendrás misericordia de Sión,
    porque es tiempo de apiadarte de ella, porque ha llegado la hora.
    15
    Porque tus siervos se deleitan en sus piedras
    y hasta sus escombros les mueven a piedad.
    16
    Las gentes temerán tu Nombre, Señor,
    y todos los reyes de la tierra, tu gloria,
    17
    cuando el Señor reconstruya Sión,
    y aparezca en su gloria,
    18
    y atienda la plegaria del necesitado
    y no desdeñe su oración.
    19
    Que se escriban estas cosas para la generación futura,
    y el pueblo que será creado alabará al Señor.
    20
    Pues el Señor observa desde lo alto de su santuario,
    mira desde el cielo hacia la tierra,
    21
    para escuchar el lamento de los cautivos,
    y librar a los condenados a muerte;

  • Evangelio

    Mateo 11:28-30

    28»Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré.
    29Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas:
    30porque mi yugo es suave y mi carga es ligera.

  • Primera Lectura

    Zacarías 2:14-17

    14
    Grita de gozo y alégrate,
    hija de Sión, porque vengo a habitar dentro de ti —oráculo del Señor—.
    15
    Aquel día seguirán al Señor muchas naciones
    y serán pueblo mío. Yo habitaré en medio de ti, y sabrás que el Señor de los ejércitos a ti me envió.
    16
    El Señor tomará posesión de Judá
    como su lote en tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén.
    17
    Que calle toda carne ante el Señor,
    que se alza de su santa morada».

  • Salmo Responsorial

    Lucas 1:46-55

    46
    María exclamó:
    —Engrandece mi alma al Señor,
    47y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador:
    48
    porque ha puesto los ojos
    en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.
    49
    Porque ha hecho en mí cosas grandes
    el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo;
    50
    su misericordia se derrama de generación
    en generación sobre los que le temen.
    51
    Manifestó el poder de su brazo,
    dispersó a los soberbios de corazón.
    52
    Derribó de su trono a los poderosos
    y ensalzó a los humildes.
    53
    Colmó de bienes a los hambrientos
    y a los ricos los despidió vacíos.
    54
    Auxilió a Israel su siervo,
    recordando su misericordia,
    55
    como había prometido a nuestros padres,
    Abrahán y su descendencia para siempre.

  • Evangelio

    Mateo 12:46-50

    46Aún estaba él hablando a las multitudes, cuando su madre y sus hermanos se hallaban fuera intentando hablar con él.
    47
    Alguien le dijo entonces:
    —Mira, tu madre y tus hermanos están ahí fuera intentando hablar contigo.
    48
    Pero él respondió al que se lo decía:
    —¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?
    49
    Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:
    —Éstos son mi madre y mis hermanos.
    50Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

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