jueves, 16 de diciembre de 2010

Evangelio 16 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Isaías 54, 1-10
    "Como a mujer abandonada y abatida, vuelve a llamarte tu Señor"

    «Alégrate, tú, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo, tú que no habías sentido los dolores de parto; porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, dice el Señor.
    Ensancha el espacio de tu tienda, despliega sin miedo las lonas, alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te extenderás a derecha y a izquierda: tu estirpe heredará las naciones y poblará las ciudades desiertas.
    No temas, porque ya no tendrás que avergonzarte; no te sonrojes, pues ya no te afrentarán; antes bien, olvidarás la vergüenza de tus años jóvenes y no volverás a recordar el deshonor de tu viudez. El que te creó, te tomará por esposa; su nombre es “Señor de los ejércitos”. Tu redentor es el Santo de Israel; será llamado “Dios de la tierra”.
    Como a una mujer abandonada y abatida te vuelve a llamar el Señor. ¿Acaso repudia uno a la esposa de la juventud?, dice tu Dios.
    Por un instante te abandoné, pero con inmensa misericordia te volveré a tomar. En un arrebato de ira te oculté un instante mi rostro, pero con amor eterno me he apiadado de ti, dice el Señor, tu redentor.
    Me pasa ahora como en los días de Noé: entonces juré que las aguas del diluvio no volverían a cubrir la tierra; ahora juro no enojarme ya contra ti ni volver a amenazarte. Podrán desaparecer los montes y hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti».

  • Salmo Responsorial: 29
    "Te alabaré, Señor, eternamente."

    Te alabaré, Señor, pues no dejaste que se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de morir, me reviviste.
    R. Te alabaré, Señor, eternamente.

    Alaben al Señor los que lo aman, den gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda la vida. El llanto nos visita por la tarde; y en la mañana, el júbilo.
    R. Te alabaré, Señor, eternamente.

    Escúchame, Señor, y compadécete; Señor, ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso eternamente.
    R. Te alabaré, Señor, eternamente.

  • Evangelio: Lucas 7, 24-30
    "Juan es el mensajero que prepara el camino del Señor"

    Cuando se fueron los mensajeros de Juan, Jesús
    comenzó a hablar de él a la gente, diciendo:
    «Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con telas preciosas? Los que visten fastuosamente y viven entre placeres, están en los palacios. Entonces, ¿qué salieron a ver? ¿Un profeta? Sí, y Yo les aseguro que es más que un profeta. Es aquél de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
    Yo les digo que no hay nadie más grande que Juan entre todos los que han nacido de una mujer. Y con todo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él».
    Todo el pueblo que lo escuchó, incluso los publicanos, aceptaron el designio de justicia de Dios, haciéndose bautizar por el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los escribas no aceptaron ese bautismo y frustraron, en su propio daño, el plan de Dios.

martes, 14 de diciembre de 2010

Cómo evangelizar en una sociedad religiosamente plural

Celebrada en España la XVIII Asamblea General del Foro de Laicos

LAS MATAS, martes, 14 diciembre 2010 (ZENIT.org).- Cómo evangelizar en una sociedad religiosamente plural fue el leitmotiv que guió los trabajos de la XVIII Asamblea General Anual del Foro de Laicos de España. El Foro, integrado por más de cincuenta organizaciones laicales, se reunió en el centro Mariápolis Luminosa, en Las Matas, a veintiséis kilómetros de Madrid.

“Cómo evangelizar en una sociedad religiosamente plural” fue el interrogante que se plantearon, los días 27 y 28 de noviembre pasado, los delegados y representantes de los movimientos y asociaciones que integran el Foro.

La Asamblea tuvo dos sesiones: Una de estudio el sábado 27, y otra estatutaria el domingo 28.

La presidenta del Foro de Laicos, Camino Cañón, agradeció la asistencia de todos, en particular, la del obispo de Canarias Francisco Cases, responsable del Seguimiento del Foro, en la Comisión de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal.

En la presentación del encuentro y saludo inicial, monseñor Cases destacó la importancia de la pregunta planteada, pues el incremento en la variedad de religiones presentes, y el número de personas que en ellas participan, en España, obliga a una reflexión profunda que permita abrir caminos nuevos para aprender a vivir en esta nueva realidad.

Algunas aspociaciones y movimientos presentaron sus reflexiones sobre “cómo evangelizar en una sociedad religiosamente plural”, destacando que la evangelización pasa por el diálogo ecuménico e interreligioso, siendo fieles a la propia identidad y dando testimonio de lo que se anuncia.

María Elena Olmos, catedrática de Derecho Eclesiástico de la Universidad de Valencia, presentó una ponencia sobre el marco conceptual y jurídico de la libertad religiosa en España. Los derechos no se conceden, concluyó, sino que se reconocen, y que eso conlleva, que el Estado debe garantizar el ejercicio de la libertad religiosa, defenderla contra aquellos que la obstaculizan y cooperar para facilitar su ejercicio.

Luis González-Carvajal, catedrático de Teología Moral de la Universidad Pontificia de Comillas, desarrolló dos claves para evangelizar en una sociedad religiosamente plural. Para los no creyentes: el testimonio de vida, el anuncio explícito de la propia fe en Jesucristo, haciéndolo amable y atractivo. Para los creyentes de otras religiones: diálogo de la vida; diálogo para colaborar juntos en tareas de justicia, solidaridad, etc; diálogo intelectual para los especialistas y compartir experiencias religiosas.

En una mesa redonda, participaron Mariano Blázquez, secretario ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España; Teofil Moldován, arcipreste-párroco de la Iglesia Ortodoxa Rumana y Riay Tatary, presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España. Moderó el diálogo Jesús Romero, de la Comunidad de San Egidio.

La exposición se centró en responder cada uno al interrogante de cómo se plantean la relación con las comunidades de otras religiones, en particular, con la mayoría católica.

Se llegóa a la conclusión de que el camino de avance pasa por el diálogo, por trabajar juntos en torno a los valores compartidos, y evitar que el fenómeno religioso se reduzca al ámbito de lo privado.

En la sesión estatutaria, tras la presentación de los informes anuales pertinentes, se dió paso a la presentación de los nuevos candidatos y posterior elección de la mitad de los miembros de la Comisión Permanente del Foro.

Evangelio 15 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Isaías 45, 6b-8.18.21b-26
    "Dejen, cielos, caer su rocío"

    «Yo soy el Señor y no hay otro. yo soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador y que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo esto».
    Esto dice el Señor, el que creó los cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra; él no la hizo para que quedara vacía, sino para que fuera habitada:
    «Yo soy el Señor y no hay otro. ¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo? ¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo y salvador y no hay otro fuera de mí.
    Vuélvanse a mí y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará toda rodilla y por mi jurará toda lengua, diciendo: “Sólo el Señor es justo y poderoso”.
    A él se volverán avergonzados todos los que lo combatían con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente todos los descendientes de Israel».

  • Salmo Responsorial: 84
    "¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!"

    Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

    La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

    Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

  • Evangelio: Lucas 7, 19-23
    "Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído"

    En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús:
    «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron:
    «Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro». En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados:
    «Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedaron limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí».

Evangelio 15 de diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Isaías 45, 6b-8.18.21b-26
    "Dejen, cielos, caer su rocío"

    «Yo soy el Señor y no hay otro. yo soy el artífice de la luz y el creador de las tinieblas, el autor de la felicidad y el hacedor de la desgracia; yo, el Señor, hago todo esto. Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo; que la tierra se abra y haga germinar al salvador y que brote juntamente la justicia. Yo, el Señor, he creado todo esto».
    Esto dice el Señor, el que creó los cielos, el mismo Dios que plasmó y consolidó la tierra; él no la hizo para que quedara vacía, sino para que fuera habitada:
    «Yo soy el Señor y no hay otro. ¿Quién fue el que anunció esto desde antiguo? ¿Quién lo predijo entonces? ¿No fui yo, el Señor? Fuera de mí no hay otro Dios. Soy un Dios justo y salvador y no hay otro fuera de mí.
    Vuélvanse a mí y serán salvados, pueblos todos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay otro. Lo juro por mí mismo, de mi boca sale la verdad, las palabras irrevocables: ante mí se doblará toda rodilla y por mi jurará toda lengua, diciendo: “Sólo el Señor es justo y poderoso”.
    A él se volverán avergonzados todos los que lo combatían con rabia. Gracias al Señor, triunfarán gloriosamente todos los descendientes de Israel».

  • Salmo Responsorial: 84
    "¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!"

    Escucharé las palabras del Señor, palabras de paz para su pueblo santo. Está ya cerca nuestra salvación y la gloria del Señor habitará en la tierra.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

    La misericordia y la verdad se encontraron, la justicia y la paz se besaron, la fidelidad brotó en la tierra y la justicia vino del cielo.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

    Cuando el Señor nos muestre su bondad, nuestra tierra producirá su fruto. La justicia le abrirá camino al Señor e irá siguiendo sus pisadas.
    R. ¡Dejen, cielos, caer su rocío y que las nubes lluevan al justo!

  • Evangelio: Lucas 7, 19-23
    "Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído"

    En aquel tiempo, Juan envió a dos de sus discípulos a preguntar a Jesús:
    «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Cuando llegaron a donde estaba Jesús, le dijeron:
    «Juan el Bautista nos ha mandado a preguntarte si eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro». En aquel momento, Jesús curó a muchos de varias enfermedades y dolencias y de espíritus malignos, y a muchos ciegos les concedió la vista. Después contestó a los enviados:
    «Vayan a contarle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedaron limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Dichoso el que no se escandalice de mí».

Evangelio 14 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Sofonías 3, 1-2.9-13
    "Se promete a todos los pobres la salvación por medio del Mesías"

    Esto dice el Señor:
    «¡Ay de la ciudad rebelde y contaminada, de la ciudad potente y opresora! No ha escuchado la voz, ni ha aceptado la corrección. No ha confiado en el Señor, ni se ha vuelto hacia su Dios.
    Pero hacia el fin daré otra vez a los pueblos labios puros, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan todos bajo el mismo yugo.
    Desde más allá de los ríos de Etiopía, hasta las últimas regiones del norte, los que me sirven me traerán ofrendas.
    Aquel día no sentirás ya vergüenza de haberme sido infiel, porque entonces yo quitaré de en medio de ti a los orgullosos y engreídos, y tú no volverás a ensoberbecerte en mi monte santo.
    Aquel día, dice el Señor, yo dejaré en medio de ti, pueblo mío, un puñado de gente pobre y humilde. Este resto de Israel confiará en el nombre del Señor. No cometerá maldades ni dirá mentiras; no se hallará en su boca una lengua embustera. Permanecerán tranquilos y descansarán sin que nadie los moleste».

  • Salmo Responsorial: 33
    "El Señor escucha el clamor de los pobres."

    Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
    R. El Señor escucha el clamor de los pobres.

    Confía en el Señor y saltarás de gusto, jamas te sentirás decepcionado, porque el Señor escucha el clamor de los pobres y los libra de todas sus angustias.
    R. El Señor escucha el clamor de los pobres.

    En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
    R. El Señor escucha el clamor de los pobres.

    El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos; no morirán quienes en él esperan.
    R. El Señor escucha el clamor de los pobres.

  • Evangelio: Mateo 21, 28-32
    "Vino Juan y los pecadores sí le creyeron"

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó:
    “Hijo, ve a trabajar hoy en la viña”. El le contestó: “Ya voy, señor”, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este le respondió:
    “No quiero ir”, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»
    Ellos le respondieron:
    «El segundo».
    Entonces Jesús les dijo:
    «Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él».

domingo, 12 de diciembre de 2010

Evangelio 13 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Números 24, 2-7.15-17a
    "De Jacob se levanta una estrella"

    En aquellos días Balaán, levantando los ojos, divisó a Israel acampado por tribus.
    El espíritu del Señor vino sobre él y pronunció este oráculo:
    «Oráculo de Balaán, hijo de Beor; oráculo del varón de ojos penetrantes. Oráculo del que escucha la palabra de Dios; que contempla en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso:
    ¡Qué bellas son tus tiendas, Jacob, y tus moradas, Israel! Son como extensos valles, como jardines junto al río, como cedros que plantó el Señor, como sauces junto a la corriente. De su descendencia nace un héroe que domina sobre pueblos numerosos».
    Y de nuevo dijo:
    «Oráculo de Balaán, hijo de Beor; palabra del varón de ojos penetrantes; oráculo del que escucha la palabra de Dios y conoce la ciencia del Altísimo, que ve en éxtasis, con los ojos abiertos, la visión del todopoderoso.
    Yo lo veo, pero no en el presente; yo lo contemplo, pero no cercano. De Jacob se levanta una estrella y un cetro surge de Israel».

  • Salmo Responsorial: 24
    "Descúbrenos, Señor, tus caminos."

    Descúbrenos, Señor, tus caminos, guíanos con la verdad de tu doctrina. Tú eres nuestro Dios y salvador y tenemos en ti nuestra esperanza.
    R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

    Acuérdate, Señor, que son eternos tu amor y tu ternura. Según ese amor y esa ternura, acuérdate de nosotros.
    R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

    Porque el Señor es recto y bondadoso, indica a los pecadores el sendero, guía por la senda recta a los humildes y descubre a los pobres sus caminos.
    R. Descúbrenos, Señor, tus caminos.

  • Evangelio: Mateo 21, 23-27
    "¿El bautismo de Juan venía del cielo o de la tierra?"

    En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:
    «¿Con qué derecho haces todas estas cosas?
    ¿Quién te ha dado semejante autoridad?»
    Jesús les respondió:
    «Yo también les voy a hacer una pregunta; si me la responden les diré con qué autoridad hago lo que hago.
    ¿De dónde venía el bautismo de Juan, de Dios o de los hombres?»
    Ellos pensaron para sus adentros:
    «Si decimos que de Dios nos dirá:
    Entonces, ¿por qué no le creyeron? Y si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta».
    Así que respondieron: «No sabemos».
    Entonces Jesús les declaró: «Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago».

La Guadalupana, tu madre

Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Tenemos miedo de tantas cosas, la enfermedad, falta de dinero, que nos roben, miedo al futuro. Pero Ella nos dece: “No temas..."
 La Guadalupana, tu madre


El nombre más repetido en las mujeres mexicanas es el de GUADALUPE. Por eso muchas celebran su santo el 12 de Diciembre, fecha en que una mujer vestida de princesa, se le apareció a un natural de esta tierra, a Juan Diego, en la Colina del Tepeyac.

Santa María de Guadalupe es el nombre de la celestial Señora. Ella pidió que se construyera un templo, y el templo se construyó. Más aún, hace algunos años se construyó un nuevo santuario más grande y moderno para dar cabida a un número mayor de peregrinos.

Hoy se encuentran muchísimos templos en todo México dedicados a la Virgen de Guadalupe. Casi todas las ciudades tienen el suyo.

¿Para qué pidió un templo? Para que todos nos sintiéramos en su casa cuando fuéramos allí a rezar, para poder decir a cada habitante de nuestro país las mismas palabras que dirigió a Juan Diego: “No temas, ¿no esto yo aquí que soy tu Madre?”

Hermosas palabras que nos quiere decir a cada uno todos los días, pero sobre todo en esos días amargos, días de dolor y desesperanza.

“No temas, ¿no esto yo aquí que soy tu Madre?...” Tenemos miedo de tantas cosas, miedo de perder la salud, el dinero, a que nos roben, miedo al futuro. Existe mucho miedo en el ambiente. “No temas...”, nos dice Ella.

El 12 de Diciembre hasta los más duros se ablandan, van de rodillas ante la Guadalupana.

Santos y pecadores, borrachos y mujeriegos, quizá hasta le juren a la Virgencita que van a cambiar para siempre, y al día siguiente vuelven a ser los mismos. Pero hicieron el intento, y cualquier intento es bueno. Ella se los toma en cuenta. Después de tantos intentos fallidos, basta que uno de esos esfuerzos de resultado.

Yo me pregunto si México sería el mismo si no hubiera intervenido en su historia la Reina del Cielo.

Me impresiona que los mismos inicios de México como nación, interviniera tan amorosamente esa Persona a quién con santo orgullo se le llama “Reina de México”.

En aquel momento era necesaria la ayuda y protección de la Madre de Dios. Hoy es mucho más necesaria. Los males de México son tantos y tan duros que se necesita la ayuda del cielo para remediarlos. Creo que no bastan los buenos políticos y los buenos economistas.

¡Reza, México, a tu Reina!, para que puedas ser liberado de este naufragio. Esa Reina no ha devaluado su amor a México ni a los mexicanos, hoy los quiere como entonces, pero se necesitan millones de manos alzadas al cielo, millones de rodillas que toquen la tierra rezando, millones de lenguas y corazones que unan su voz y su amor en una oración gigantesca y sonora a la Reina de México, para que venga a auxiliarnos en esta hora difícil.

Para los que tienen fe, hay un faro de esperanza en la Colina del Tepeyac que se llama Santa María de Guadalupe.

El tesoro más rico que México y el mundo entero tiene es una tilma sencilla donde la Madre de Dios se pintó a sí misma para que al contemplarla oyéramos todos su dulce mensaje: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”

Con María de Guadalupe

Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Lucas 1, 39-48. Solemnidad de la Virgen de Guadalupe. María nos espera a todos, como a hijos. Estaremos muy cerca de Dios si sabemos conservar, el amor a la Virgen del Tepeyac.
Con María de Guadalupe

Lucas 1, 39-48


En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. "Entonces dijo María: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava".


Reflexión


En el cruce de un camino, en lo alto de una iglesia, en la puerta de la casa, dentro de un coche, en un cuarto, en la pantalla de una computadora, se encuentra la imagen de la Virgen.

De modo especial, encontramos su retrato guadalupano. El milagro de las apariciones en el Tepeyac nos recuerda lo que la Iglesia ha meditado durante siglos: que María está al lado de todos los creyentes, que no nos deja solos, que somos sus hijos, aunque a veces no nos portemos de verdad como cristianos.

María, la Madre de Jesús, nos acompaña, nos sonríe, nos alienta en todos los lugares, en cualquier tiempo del año. En el momento del dolor y de la prueba, allí está Ella. En las alegrías y las esperanzas, allí está Ella. En un encuentro de familia, en la reunión de los amigos, en el trabajo o en la escuela, no puede faltar Ella. En el momento de la agonía, cuando llega la hora de recoger el equipaje para presentarnos ante Dios, María nos asiste y nos da fuerzas como la mejor de las madres.

María es Madre: no puede olvidar a ninguno de sus hijos. Podremos ser malos, podremos vivir como vagabundos, podremos tal vez olvidar o renegar de nuestro nombre de cristianos. Ella continúa con su amor: espera que el rebelde, tarde o temprano, cansado o herido, vuelva a casa. Nos prepara la acogida de la esperanza y del amor: no quiere que le demos explicaciones. Le basta el vernos allí, de nuevo, en familia.

La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, tendrá siempre presente un cerro en el que la Virgen nos alentó con su cariño: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?” Son palabras que nos unen directamente al Calvario, cuando Cristo, el crucificado, le dijo a María: “He ahí a tu hijo”. Son palabras que nos alivian en las mil aventuras de la vida, en los peligros, en las pruebas, en los fracasos.

María nos espera a todos, como a hijos. México estará muy cerca de Dios si sabe conservar, en la fe de cada mexicano, su amor a la Virgen, Nuestra Señora del Tepeyac. Cuando rompamos las fronteras de la muerte y encontremos al Dios de la justicia y del perdón, sentiremos en lo más profundo del corazón el cariño de María de Guadalupe. Un amor fiel, un amor fresco, un amor de Madre, en el tiempo y en la eternidad.

Evangelio 12 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Isaías 35,1-6a.10
    "Dios mismo vendrá y nos salvará"

    Esto dice el Señor:
    «Saltarán de alegría el desierto y la tierra reseca; la llanura se regocijará y florecerá; florecerá como el lirio, se regocijará y dará gritos de alegría. Tiene la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarión; ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios. Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes, digan a los de corazón apocado:
    “¡Ánimo!, no teman; miren a su Dios, vengador y justiciero, viene en persona a salvarnos”.
    Se iluminarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará como un venado el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados por el Señor. Vendrán a Sión con cánticos de júbilo, coronados de perpetua alegría; serán su escolta gozo y dicha, porque pena y aflicción habrán terminado.

  • Salmo Responsorial: 145
    "Ven, Señor, a salvarnos."

    El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

    Abre el Señor los ojos de los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor al hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

    A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente. Reina tu Dios, oh Sión, reina por siglos.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

  • Segunda Lectura: Santiago 5, 7-10
    "Manténganse firmes, porque el Señor está cerca"

    Hermanos: Sean pacientes hasta la venida del Señor. Vean cómo el campesino aguarda paciente los frutos preciosos de la tierra, mientras espera las lluvias tempraneras y tardías. Así también ustedes:
    con paciencia mantengan firme el ánimo, porque la venida del Señor está cerca. No murmuren unos de otros para no ser condenados.
    Miren que el juez está ya a la puerta. Tomen, hermanos, como ejemplo de paciencia y sufrimiento a los profetas, que hablaron en nombre del Señor.

  • Evangelio: Mateo 11, 2-11
    "¿Qué debemos hacer?"

    En aquel tiempo,Juan se encontraba en la cárcel, y habiendo oído hablar de las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
    «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»
    Jesús les respondió:
    «Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Dichoso el que no se siente defraudado por mí!»
    Cuando se fueron los discípulos, Jesús se puso a hablar a la gente acerca de Juan:
    «¿Qué fueron a ver en el desierto?, ¿una caña sacudida por el viento? Pues, ¿qué fueron a ver? ¿Un hombre lujosamente vestido? Los que visten con lujo habitan en los palacios. ¿A qué fueron, pues? ¿A ver a un profeta? Sí, y les aseguro que más que un profeta.
    Porque de él está escrito: “Yo envío mi mensajero por delante de ti y te prepare el camino”.
    Les aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él».

Evangelio 11 de Diciembre de 2010

  • Primera Lectura: Eclesiástico 48, 1-4.9-11
    "Elías volverá"

    En aquel tiempo surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha. El hizo venir sobre ellos el hambre, y en su celo los redujo en número. Por la palabra del Señor cerró los cielos e hizo también bajar fuego tres veces. ¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus prodigios! ¿Quién pretenderá parecerse a ti? Fuiste arrebatado en torbellino ardiente en un carro con caballos de fuego. De ti está escrito que en los castigos futuros calmarás la furia antes que estalle, para reconciliar a los padres con los hijos y restaurar las tribus de Jacob. Felices los que te vieron y murieron fieles al amor, porque también nosotros viviremos.

  • Salmo Responsorial: 79
    "Ven, Señor, a salvarnos."

    Pastor de Israel, escucha, tú que conduces a José como a un rebaño, despierta tu poder y ven a salvarnos.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

    Dios todopoderoso, atiéndenos: Mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña, la planta que sembraste, el retoño que hiciste vigoroso.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

    Que tu mano proteja a tu elegido, al hombre que tú fortaleciste. Ya nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida para que invoquemos tu nombre.
    R. Ven, Señor, a salvarnos.

  • Evangelio: Mateo 17, 10-13
    "Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron"

    En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús:
    «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
    Jesús les respondió:
    «Sí, Elías tenía que venir a restaurarlo todo. Pero les digo que Elías ha venido ya y no lo han reconocido, sino que han hecho con él lo que han querido. Del mismo modo van a hacer padecer al Hijo del hombre».
    Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.