martes, 10 de marzo de 2026

Lecturas 10 de Marzo de 2026

 

  • Primera Lectura

    Jeremías 17:5-10

    5
    Esto dice el Señor:
    «Maldito el varón que confía en el hombre y pone en la carne su apoyo, mientras su corazón se aparta del Señor.
    6
    Será como matojo de la estepa,
    que no verá venir la dicha, pues habita en terrenos resecos del desierto, en tierra salobre e inhóspita.
    7
    Bendito el varón que confía en el Señor,
    y el Señor es su confianza.
    8
    Será como árbol plantado junto al agua,
    que extiende sus raíces a la corriente, no teme que llegue el calor, y sus hojas permanecerán lozanas, no se inquietará en año de sequía, ni dejará de dar frutos.
    9
    Lo más falaz de todo es el corazón,
    y lo más insanable. ¿Quién lo entiende?
    10
    Yo, el Señor, escudriño el corazón,
    examino las entrañas, para retribuir a cada uno según su conducta, según el fruto de sus obras.

  • Salmo Responsorial

    Salmo 1:1-4, 6

    1
    Dichoso el hombre
    que no sigue el consejo de impíos, ni se detiene en el camino de pecadores, ni toma asiento con farsantes,
    2
    sino que se complace en la Ley del Señor,
    y noche y día medita en su Ley.
    3
    Será como un árbol
    plantado al borde de la acequia, que da fruto a su tiempo, y no se marchitan sus hojas: cuanto hace prospera.
    4
    No así los impíos, no así.
    Son como polvo que dispersa el viento.
    6
    Porque el Señor vela sobre el camino de los justos,
    mientras el de los impíos acaba en perdición. 

  • Evangelio

    Lucas 16:19-31

    19»Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino finísimo, y todos los días celebraba espléndidos banquetes.
    20En cambio, un pobre llamado Lázaro yacía sentado a su puerta, cubierto de llagas,
    21deseando saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían a lamerle las llagas.
    22Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán; murió también el rico y fue sepultado.
    23Estando en los infiernos, en medio de los tormentos, levantando sus ojos vio a lo lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno;
    24y gritando, dijo: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy atormentado en estas llamas».
    25Contestó Abrahán: «Hijo, acuérdate de que tú recibiste bienes durante tu vida y Lázaro, en cambio, males; ahora aquí él es consolado y tú atormentado.
    26Además de todo esto, entre vosotros y nosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieren atravesar de aquí hasta vosotros, no pueden; ni tampoco pueden pasar de ahí hasta nosotros».
    27Y él dijo: «Te ruego entonces, padre, que le envíes a casa de mi padre,
    28porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también a este lugar de tormentos».
    29Pero replicó Abrahán: «Tienen a Moisés y a los Profetas. ¡Que los oigan!»
    30Él dijo: «No, padre Abrahán; pero si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán».
    31Y le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán aunque uno resucite de entre los muertos».

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