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sábado, 24 de diciembre de 2016

Oración para bendecir la mesa en Navidad

REDACCIÓN CENTRAL, 24 Dic. 16 / 08:36 am (ACI).- Las fiestas de Navidad suelen ser ocasión para reunir en casa a familiares y amigos. Compartimos una sencilla oración publicada por la Diócesis de Málaga en España para bendecir la mesa.
Bendice, Señor, nuestra mesa en esta noche de Luz.
Quienes vamos a cenar celebrándote sabemos que la fiesta eres Tú que nos invitas a nacer siempre de nuevo.
Gracias por el pan y el trabajo, por la generosidad y la esperanza.
Llena nuestra mesa de fuerza y ternura para ser personas justas, llena de paz nuestras vidas y que la amistad y la gratitud alimenten cada día del año.
Tú eres bendición para nosotros, por eso, en esta noche fraterna, bendice la tierra toda, bendice nuestro país.
Bendice esta familia y esta mesa.
Bendícenos a cada uno de los que estamos aquí.
Amén.

domingo, 25 de diciembre de 2011

El Papa invita a abandonar el "orgullo intelectual" para reconocer al Dios hecho niño en Navidad


VATICANO, 24 Dic. 11 / 08:01 pm (ACI)
Al presidir una emotiva Misa de Gallo en la Basílica de San Pedro, el Papa Benedicto XVI advirtió contra las luces comerciales que oscurecen el misterio de la Navidad y advirtió que "si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón 'ilustrada'".
A continuación, la homilía completa del Papa Benedicto XVI durante la Misa de Nochebuena.

Queridos hermanos y hermanas
La lectura que acabamos de escuchar, tomada de la Carta de san Pablo Apóstol a Tito, comienza solemnemente con la palabra apparuit, que también encontramos en la lectura de la Misa de la aurora: apparuit – ha aparecido. Esta es una palabra programática, con la cual la Iglesia quiere expresar de manera sintética la esencia de la Navidad. Antes, los hombres habían hablado y creado imágenes humanas de Dios de muchas maneras. Dios mismo había hablado a los hombres de diferentes modos (cf. Hb 1,1: Lectura de la Misa del día). Pero ahora ha sucedido algo más: Él ha aparecido. Se ha mostrado. Ha salido de la luz inaccesible en la que habita. Él mismo ha venido entre nosotros. Para la Iglesia antigua, esta era la gran alegría de la Navidad: Dios se ha manifestado. Ya no es sólo una idea, algo que se ha de intuir a partir de las palabras. Él «ha aparecido». Pero ahora nos preguntamos: ¿Cómo ha aparecido? ¿Quién es él realmente? La lectura de la Misa de la aurora dice a este respecto: «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre» (Tt 3,4). Para los hombres de la época pre-cristiana, que ante los horrores y las contradicciones del mundo temían que Dios no fuera bueno del todo, sino que podría ser sin duda también cruel y arbitrario, esto era una verdadera «epifanía», la gran luz que se nos ha aparecido: Dios es pura bondad. Y también hoy, quienes ya no son capaces de reconocer a Dios en la fe se preguntan si el último poder que funda y sostiene el mundo es verdaderamente bueno, o si acaso el mal es tan potente y originario como el bien y lo bello, que en algunos momentos luminosos encontramos en nuestro cosmos. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: ésta es una nueva y consoladora certidumbre que se nos da en Navidad.
En las tres misas de Navidad, la liturgia cita un pasaje del libro del profeta Isaías, que describe más concretamente aún la epifanía que se produjo en Navidad: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva al hombro el principado, y es su nombre: Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5s). No sabemos si el profeta pensaba con esta palabra en algún niño nacido en su época. Pero parece imposible. Este es el único texto en el Antiguo Testamento en el que se dice de un niño, de un ser humano, que su nombre será Dios fuerte, Padre para siempre. Nos encontramos ante una visión que va, mucho más allá del momento histórico, hacia algo misterioso que pertenece al futuro. Un niño, en toda su debilidad, es Dios poderoso. Un niño, en toda su indigencia y dependencia, es Padre perpetuo. Y la paz será «sin límites». El profeta se había referido antes a esto hablando de «una luz grande» y, a propósito de la paz venidera, había dicho que la vara del opresor, la bota que pisa con estrépito y la túnica empapada de sangre serían pasto del fuego (cf. Is 9,1.3-4).
Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y lleva un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas, clamemos al Señor: Tú, el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro.
La Navidad es Epifanía: la manifestación de Dios y de su gran luz en un niño que ha nacido para nosotros. Nacido en un establo en Belén, no en los palacios de los reyes. Cuando Francisco de Asís celebró la Navidad en Greccio, en 1223, con un buey y una mula y un pesebre con paja, se hizo visible una nueva dimensión del misterio de la Navidad. Francisco de Asís llamó a la Navidad «la fiesta de las fiestas» – más que todas las demás solemnidades – y la celebró con «inefable fervor» (2 Celano, 199: Fonti Francescane, 787). Besaba con gran devoción las imágenes del Niño Jesús y balbuceaba palabras de dulzura como hacen los niños, nos dice Tomás de Celano (ibíd.). Para la Iglesia antigua, la fiesta de las fiestas era la Pascua: en la resurrección, Cristo había abatido las puertas de la muerte y, de este modo, había cambiado radicalmente el mundo: había creado para el hombre un lugar en Dios mismo. Pues bien, Francisco no ha cambiado, no ha querido cambiar esta jerarquía objetiva de las fiestas, la estructura interna de la fe con su centro en el misterio pascual. Sin embargo, por él y por su manera de creer, ha sucedido algo nuevo: Francisco ha descubierto la humanidad de Jesús con una profundidad completamente nueva. Este ser hombre por parte de Dios se le hizo del todo evidente en el momento en que el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María, fue envuelto en pañales y acostado en un pesebre. La resurrección presupone la encarnación. El Hijo de Dios como niño, como un verdadero hijo de hombre, es lo que conmovió profundamente el corazón del Santo de Asís, transformando la fe en amor. «Ha aparecido la bondad de Dios y su amor al hombre»: esta frase de san Pablo adquiría así una hondura del todo nueva. En el niño en el establo de Belén, se puede, por decirlo así, tocar a Dios y acariciarlo. De este modo, el año litúrgico ha recibido un segundo centro en una fiesta que es, ante todo, una fiesta del corazón.
Todo eso no tiene nada de sensiblería. Precisamente en la nueva experiencia de la realidad de la humanidad de Jesús se revela el gran misterio de la fe. Francisco amaba a Jesús, al niño, porque en este ser niño se le hizo clara la humildad de Dios. Dios se ha hecho pobre. Su Hijo ha nacido en la pobreza del establo. En el niño Jesús, Dios se ha hecho dependiente, necesitado del amor de personas humanas, a las que ahora puede pedir su amor, nuestro amor. La Navidad se ha convertido hoy en una fiesta de los comercios, cuyas luces destellantes esconden el misterio de la humildad de Dios, que nos invita a la humildad y a la sencillez. Roguemos al Señor que nos ayude a atravesar con la mirada las fachadas deslumbrantes de este tiempo hasta encontrar detrás de ellas al niño en el establo de Belén, para descubrir así la verdadera alegría y la verdadera luz.
Francisco hacía celebrar la santa Eucaristía sobre el pesebre que estaba entre el buey y la mula (cf. 1 Celano, 85: Fonti, 469). Posteriormente, sobre este pesebre se construyó un altar para que, allí dónde un tiempo los animales comían paja, los hombres pudieran ahora recibir, para la salvación del alma y del cuerpo, la carne del Cordero inmaculado, Jesucristo, como relata Celano (cf. 1 Celano, 87: Fonti, 471). En la Noche santa de Greccio, Francisco cantaba personalmente en cuanto diácono con voz sonora el Evangelio de Navidad. Gracias a los espléndidos cantos navideños de los frailes, la celebración parecía toda una explosión de alegría (cf. 1 Celano, 85 y 86: Fonti, 469 y 470). Precisamente el encuentro con la humildad de Dios se transformaba en alegría: su bondad crea la verdadera fiesta.
Quien quiere entrar hoy en la iglesia de la Natividad de Jesús, en Belén, descubre que el portal, que un tiempo tenía cinco metros y medio de altura, y por el que los emperadores y los califas entraban al edificio, ha sido en gran parte tapiado. Ha quedado solamente una pequeña abertura de un metro y medio. La intención fue probablemente proteger mejor la iglesia contra eventuales asaltos pero, sobre todo, evitar que se entrara a caballo en la casa de Dios. Quien desea entrar en el lugar del nacimiento de Jesús, tiene que inclinarse. Me parece que en eso se manifiesta una cercanía más profunda, de la cual queremos dejarnos conmover en esta Noche santa: si queremos encontrar al Dios que ha aparecido como niño, hemos de apearnos del caballo de nuestra razón «ilustrada». Debemos deponer nuestras falsas certezas, nuestra soberbia intelectual, que nos impide percibir la proximidad de Dios. Hemos de seguir el camino interior de san Francisco: el camino hacia esa extrema sencillez exterior e interior que hace al corazón capaz de ver. Debemos bajarnos, ir espiritualmente a pie, por decirlo así, para poder entrar por el portal de la fe y encontrar a Dios, que es diferente de nuestros prejuicios y nuestras opiniones: el Dios que se oculta en la humildad de un niño recién nacido. Celebremos así la liturgia de esta Noche santa y renunciemos a la obsesión por lo que es material, mensurable y tangible. Dejemos que nos haga sencillos ese Dios que se manifiesta al corazón que se ha hecho sencillo. Y pidamos también en esta hora ante todo por cuantos tienen que vivir la Navidad en la pobreza, en el dolor, en la condición de emigrantes, para que aparezca ante ellos un rayo de la bondad de Dios; para que les llegue a ellos y a nosotros esa bondad que Dios, con el nacimiento de su Hijo en el establo, ha querido traer al mundo. Amén.

jueves, 8 de diciembre de 2011

No olviden a Dios, pide el Papa al encender árbol de Navidad más grande del mundo


VATICANO, 07 Dic. 11 / 06:19 pm (ACI/EWTN Noticias)
El Papa Benedicto XVI encendió hoy, con una tablet y desde el Vaticano, el árbol de Navidad más grande del mundo ubicado en la localidad italiana de Gubbio. En sus palabras alentó a buscar siempre a Dios que no se olvida al hombre y que pide también no olvidarlo a Él.

El acto, que estuvo acompañado de fuegos artificiales en Gubbio, tras el encendido del abeto de 350 metros de alto iluminado por unas 700 luces en total, fue transmitido gracias al Centro Televisivo Vaticano.
En sus palabras, el Santo Padre dijo al encender el árbol que este símbolo debe alentar a que "nuestra mirada, la de la mente y la del corazón, no se quede sólo en el horizonte de este mundo nuestro, en las cosas materiales, sino que sea algo así como este árbol, que sepa tender hacia lo alto. Que sepa dirigirse hacia Dios ¡Él no nos olvida nunca y nos pide que nosotros tampoco nos olvidemos de Él!"
Tras explicar que como el árbol, el nacimiento de Cristo en Navidad "ilumina la oscuridad de la noche", el Papa dijo además que "este árbol recuerda que también nosotros tenemos necesidad de una luz que ilumine el camino de nuestra vida y nos dé esperanza".
"En especial, en este tiempo nuestro en que sentimos de forma particular el peso de las dificultades, de los problemas y de los sufrimientos y un velo de tinieblas parece envolvernos".
El Papa cuestionó luego: "¿qué luz es capaz de iluminar verdaderamente nuestro corazón y de donarnos una esperanza firme y segura?"
"Es, precisamente, la del Niño que contemplamos en la Santa Navidad, en una simple y pobre gruta, porque es el Señor el que se acerca a cada uno de nosotros y pide que lo acojamos nuevamente en nuestra vida. Pide que lo queramos, que tengamos confianza en Él, que percibamos que está presente, nos acompaña, nos sostiene y nos ayuda".
Finalmente, informa Radio Vaticana, el Santo Padre hizo votos para que "cada uno de nosotros sepa llevar un poco de luz a los ambientes en que vive: su familia, su trabajo, su barrio, a los países y ciudades".
"Que cada uno sea una luz para el que está a su lado; que salga del egoísmo que a menudo cierra el corazón y lleva a ensimismarse; que brinde un poco de atención al prójimo, un poco de amor".
"Cada pequeño gesto de bondad es como una luz de este gran árbol: junto con otras luces es capaz de iluminar la oscuridad de la noche, aun la más oscura", concluyó.
El árbol de Gubbio
Gracias a un sistema de alta tecnología telemática, el Papa dio el mando para iluminar este árbol al tocar la pantalla de una tablet Sony con sistema operativo Android, que, a través de Internet comunicaba con un servidor web, conectado al sistema que suministra la corriente eléctrica al abeto.
Este sugestivo árbol navideño tiene una superficie de aproximadamente 130 mil metros cuadrados; 300 luces verdes forman su silueta y se ilumina con 400 luces multicolores; está rematado por una estrella con 250 puntos luminosos que cubre una superficie de mil metros cuadrados.
Desde 1981, un grupo de voluntarios coloca el árbol en la ladera del monte Ingino a cuyos pies está situada Gubbio. El abeto se extiende, sobre una base de 450 metros, a lo largo de 750 metros por las faldas del monte partiendo de las murallas de la ciudad medieval, hasta llegar a la basílica de su patrón, San Ubaldo, en la cima de la montaña.
El árbol se enciende todos los años, el 7 de diciembre, durante una fiesta tradicional en la que participan representantes del mundo de la cultura, las instituciones, las ciencias y el espectáculo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Papa: Tradiciones de Navidad son "islas de fe" para el alma ante consumismo


VATICANO, 03 Dic. 11 / 09:21 am (ACI/EWTN Noticias)
Al recibir ayer por la tarde a un grupo de fieles llegados de la región alemana de Bavaria con quienes compartió un encuentro cultural sobre el Adviento, el Papa Benedicto XVI explicó que las auténticas tradiciones de Navidad se convierten en "islas de fe" para el alma en medio de un tiempo lleno de actividad desenfrenada y excesivo consumismo.

En la Sala Clementina, la Radiotelevisión bávara ofreció al Santo Padre un encuentro cultural bajo el titulo "Adviento y Navidad en los Alpes Bávaros", que comenzó con la proyección del documental "El cielo en la Tierra" de Sigrid Esslinger que muestra el clima espiritual del tiempo de Adviento la tierra natal del Papa. Luego, el Ensemble y el "Coro Montini" interpretaron el Oratorio Natalicio de los Alpes.
Radio Vaticana informa que, en alemán, Benedicto XVI explicó que en Bavaria el Adviento es llamado "tiempo silencioso", porque la naturaleza hace una pausa; la tierra está cubierta de nieve, no se puede trabajar el campo, y todos están necesariamente en sus casas.
En medio de ese ambiente natural, prosiguió el Papa, el silencio del hogar se hace, por la fe, espera del Señor, alegría de su presencia. Y así surgen las melodías, las tradiciones que como hoy un poco hacen "al cielo presente en la tierra"
Seguidamente el Santo Padre advirtió que "hoy el Adviento es –con frecuencia– todo lo contrario: tiempo de desenfrenada actividad, se compra, se vende, se hacen preparativos de Navidad, de las grandes comidas, etcétera. Así también donde nosotros".
"Pero como habéis visto, las tradiciones populares de la fe no han desaparecido, es más, han sido renovadas, profundizadas, actualizadas. Y así crean islas para el alma, islas del silencio, islas de la fe, islas para el Señor, en nuestro tiempo, y esto me parece muy importante", indicó.
El Papa aprovechó también para felicitar al Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, que ayer estuvo de cumpleaños, y agradeció en particular a todos aquellos que en las familias y en las Iglesias hacen presente la realidad de la fe en sus casas en estos tiempos.
"Esperamos –concluyó Benedicto XVI– que también en futuro esta fuerza de la fe, su visibilidad, permanezca y ayude a salir adelante, como el Adviento quiere, hacia el Señor".

viernes, 25 de diciembre de 2009

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo


Autor: P. Ángel Amo. Fuente: Catholic.net

Con la solemnidad de la Navidad, la Iglesia celebra la manifestación del Verbo de Dios a los hombres”. En efecto, éste es el sentido espiritual más importante y sugerido por la misma liturgia, que en las tres misas celebradas por todo sacerdote ofrece a nuestra meditación “el nacimiento eterno del Verbo en el seno de los esplendores del Padre (primera misa); la aparición temporal en la humildad de la carne (segunda misa); el regreso final en el último juicio (tercera misa)” (Liber Sacramentorum).

Un antiguo documento del año 354 llamado el Cronógrafo confirma la existencia en Roma de esta fiesta el 25 de diciembre, que corresponde a la celebración pagana del solsticio de invierno “Natalis solis invicti”, esto es, el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más large del año, readquiría nuevo vigor.

A1 celebrar en este día el nacimiento de quien es el verdadero Sol, la luz del mundo, que surge de la noche del paganismo, se quiso dar un significado totalmente nuevo a una tradición pagana muy sentída por el pueblo, porque coincidía con las ferias de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían dones de sus patrones y se los invitaba a sentarse a su mesa, como libres ciudadanos. Sin embargo, con la tradición cristiana, los regalos de Navidad hacen referencia a los dones de los pastores y de los reyes magos al Niño Jesús.

En oriente se celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo el 6 de enero, con el nombre de Epifanía, que quiere decir “manifestación”; después la Iglesia oriental acogió la fecha del 25 de diciembre, práctica ya en uso en Antioquía hacia el 376, en tiempo de San Juan Crisóstomo, y en el 380 en Constantinopla. En occidente se introdujo la fiesta de la Epifanía, última del ciclo navideño, para conmemorar la revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano.

Los textos de la liturgia navideña, formulados en una época de reacción contra la herejía trinitaria de Arrio, subrayan con profundidad espiritual y al mismo tiempo con rigor teológico la divinidad y realeza del Niño nacido en el pesebre de Belén, para invitarnos a la adoración del insondable misterio de Dios revestido de carne humana, hijo de la purísima Virgen María.

Papa está bien tras 2do ataque de Nochebuena de la misma mujer


CIUDAD DEL VATICANO (AP) - El papa Benedicto XVI, en buen estado de salud pero al parecer cansado y un poco inseguro en sus movimientos, dio su bendición tradicional de Navidad el viernes, horas después de haber sido derribado por una mujer que por segundo año seguido saltó una valla durante la misa de Nochebuena para acercarse a él.

El Vaticano dijo que el pontífice de 82 años no sufrió lesiones y que cumpliría con su apretada agenda de Navidad.


Sin embargo, el cardenal francés Roger Etchegaray, de 87 años y larga carrera como diplomático del Vaticano, sufrió una fractura de cadera el caer durante el incidente ocurrido en la Basílica de San Pedro y deberá ser operado en el hospital Gemelli de Roma, dijo el vocero Federico Lombardi.


El Papa se veía un tanto inseguro el viernes al acercarse a su silla en el balcón sobre la plaza de San Pedro para dar su bendición de Navidad. Un asistente lo ayudó a sostenerse.


Pero luego abrió sus brazos, bendijo a la multitud y dio su discurso "Urbi et Orbi" (A la ciudad y al mundo) sin problemas. Siguió con saludos navideños en 65 idiomas que desataron ovaciones de la multitud.


En su discurso, el pontífice criticó los efectos de la crisis financiera mundial, los conflictos en Tierra Santa y Africa y los sufrimientos del "pequeño rebaño" de cristianos en Irak.


"Por momentos sufre violencia e injusticia, pero sigue determinado a hacer su propia contribución a la construcción de una sociedad que se oponga a la lógica del conflicto y al rechazo del prójimo", dijo.


Lombardi dijo que la agresora es la suizo-italiana Susanna Maiolo, de 25 años, quien sufre problemas siquiátricos y que protagonizó un incidente similar en la misa de Nochebuena del año pasado. Maiolo no estaba armada y fue llevada a una clínica para ser tratada, agregó.


Es la misma mujer que al final de la misa de gallo del 2008 también saltó unas vallas, aunque esa vez fue rápidamente arrojada al suelo por guardias de seguridad, sin llegar hasta el Papa.


En ambas ocasiones, la mujer vestía un abrigo rojo.


El jueves, Maiolo saltó una valla y se lanzó hacia el Papa cuando éste caminaba por el pasillo principal para dar inicio a la misa. Los guardias de seguridad la derribaron, pero llegó a tomar la túnica del pontífice y hacerlo caer al suelo junto a ella, de acuerdo con un video de un testigo obtenido por The Associated Press.


Al caer, Benedicto XVI perdió su mitra y su báculo. Se quedó unos segundos en el piso antes de que lo ayudaran a levantarse. En ese momento algunas personas gritaron "¡Viva el Papa!" y varios más lo animaron.


Fue la primera vez que un posible atacante llegó a tocar al líder católico en sus cinco años de papado. Analistas de seguridad han advertido que el pontífice suele estar desprotegido en sus apariciones públicas.


Tras ponerse en pie, el pontífice, ayudado por guardias a cada lado, retomó su caminata hacia el altar para comenzar la misa. Se veía un poco perturbado y se sentó con dificultad, apoyándose en el brazo de su silla.


Benedicto XVI no hizo comentarios sobre el incidente cuando comenzó la misa ni tampoco lo hizo el viernes.