viernes, 24 de febrero de 2017

Evangelio meditado

Mira primero a Cristo
San Marcos 10, 1-12. VII Viernes del Tiempo Ordinario. Ciclo A.


Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC | Fuente: www.missionkits.org 




En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
En un mundo en que parece que el bien no se difunde, sino que el mal se expande, ¿no están llamados los cristianos, Señor, a ser fieles y constantes? Con ese deseo de corresponder a mi vocación de ser fermento en la sociedad, vengo una vez más ante Ti, para de Ti llenarme.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Marcos 10, 1-12
En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”.
Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.
Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
En este tiempo parece que el sentido de Dios disminuye. Su voluntad ya no es buscada con la convicción de que ella es la verdadera felicidad. Pierde peso su nombre, y su Persona parece no tener vigor en las personas.
Señor, ¿cuáles eran el respeto y reverencia que tenías por tu Padre? En cada instante renunciaste a lo que habría podido ser una vida agradable entrelazada por compromisos caedizos. Paradójicamente, una vida de sacrificio y entrega alcanza siempre una mayor satisfacción que aquella que se da al vaivén de los deseos superfluos y faltos de horizonte.
Pero cuando el horizonte es el Amor, cualquier propósito, por difícil que parezca -y aunque en ocasiones lo sea- puede ser llevado hasta su consumación. No por coincidencia tus pies jamás se detuvieron: desde que pisaron el suelo con su suave piel de bebé hasta que fueron traspasados, ya maduros, por un clavo de crucifixión.
Si el Padre había querido que el Hijo del hombre obrara un sacrificio para redimirnos, entonces el Hijo del hombre lo consumaría. Y tu deseo sería, Señor, que de tu testimonio se desprendiese un celo dentro de nosotros por guardar el nombre de tu Padre con la misma reverencia.
Que cada vez que ponga a Dios como vínculo, como motor, como testigo de una opción de vida, mire primero a Cristo en la cruz, para dejarme interpelar por lo que fue una verdadera entrega de quien honró a su Padre hasta la muerte. Que cada vez que sienta que el peso de una opción fundamental es demasiado para mí, te mire primero en la cruz.
Y que mirándote en la cruz confíe y crea que el Amor todo lo renueva y robustece. Y que el Amor me sostendrá para alcanzar la verdadera plenitud.
«Jesús, ante la pregunta retórica que le habían dirigido – probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible-, responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen, al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de un hombre y una mujer que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad. Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante.»
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de octubre de 2015).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Leer y reflexionar, preferentemente con alguien más, la exhortación apostólica La alegría de amor del Papa Francisco.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.
¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!
Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

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