martes, 2 de octubre de 2012

Evangelio 2 de Octubre de 2012


  • Primera Lectura: Job 3, 1-3. 11-17. 20-23
    "¿Por qué dio luz a un desgraciado?"
    Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: 
    "¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"! 
    ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? 
    Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. 
    Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. 
    Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. 
    ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?"
  • Salmo Responsorial: 87
    "Llegue hasta ti mi súplica, Señor."
    Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, / de noche grito en tu presencia; / llegue hasta ti mi súplica, / inclina tu oído a mi clamor. R. 
    Porque mi alma está colmada de desdichas, / y mi vida está al borde del abismo; / ya me cuentan con los que bajan a la fosa, / soy como un inválido. R. 
    Tengo mi cama entre los muertos, / como los caídos que yacen en el sepulcro, / de los cuales ya no guardas memoria, / porque fueron arrancados de tu mano. R. 
    Me has colocado en lo hondo de la fosa, / en las tinieblas del fondo; / tu cólera pesa sobre mí, / me echas encima todas tus olas. R.
  • Evangelio: Lucas 9, 51-56
    "Tomó la decisión de ir a Jerusalén"
    Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo y acabe con ellos?" El se volvió y les regañó, y dijo: "No sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del hombre no ha venido a perder a los hombres, sino a salvarlos". 
    Y se marcharon a otra aldea.

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