viernes, 14 de enero de 2011

Evangelio 15 de Enero de 2011

  • Primera Lectura: Hebreos 4, 12-16
    "Acerquémonos con plena confianza al trono de la gracia"

    Hermanos: La palabra de Dios es viva, eficaz y más penetrante que una espada de dos filos: penetra hasta lo más íntimo del alma, hasta lo más profundo del ser y descubre los pensamientos e intenciones del corazón. Así que toda criatura es transparente para Dios. Todo queda al desnudo y al descubierto ante los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas.
    Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
    Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros, excepto en el pecado.
    Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.

  • Salmo Responsorial: 18
    "Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna."

    La ley del Señor es perfecta: da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero: da sabiduría al ignorante.
    R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

    Los preceptos del Señor son rectos: dan alegría al corazón; el mandamiento del Señor es claro: da luz a los ojos.
    R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

    El temor del Señor es puro: permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad: todos justos por igual.
    R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

    Que te agraden mis palabras y mis pensamientos, Señor, roca mía, mi redentor.
    R. Tú tienes, Señor, palabras de vida eterna.

  • Evangelio: Marcos 2, 13-17
    "No he venido a llamar justos, sino pecadores"

    En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; toda la gente lo seguía y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví, el hijo de Alfeo, que estaba sentado en su mesa de impuestos, y le dijo:
    «Sígueme».
    El se levantó y lo siguió.
    Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron con él y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían.
    Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con pecadores y recaudadores de impuestos, preguntaron a sus discípulos:
    «¿Por qué come con recaudadores de impuestos y con pecadores?»
    Habiendo oído esto, Jesús les dijo:
    «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».

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